
sábado 30 de mayo de 2009
Olvídame hoy... o ya nunca lo hagas

martes 19 de mayo de 2009
Jacqueline, Sándor y yo


lunes 11 de mayo de 2009
Mia gelosa... (le dice Cavaradossi a Tosca)



Finalmente, mi intención con las frases es la de siempre: Reflexionar, no imponer mis ideas, porque ideas tenemos todos y algunas (a veces muchas) cambian con el transcurso de la vida. lunes 27 de abril de 2009
Il mondo intero è un palcoscenico
Lo dijo William Shakespeare en una de sus geniales obras, As you like it, y a partir de esta porción sabrosa de texto, muchas versiones de la frase han surgido, y como sucede con muchas frases célebres, se la encuentra a menudo en carteles sin citar la fuente. 
¿Y ustedes qué piensan?martes 21 de abril de 2009
Mostrar, tener, pensar que...

Every man has three characters:
that which he shows,
that which he has,
and that which he thinks he has.
...
Toda persona tiene tres tipos de carácter:
el que muestra,
el que tiene,
y el que piensa que tiene.
- Alphonse Karr
Ni siquiera se trata de hipocresía; no hace falta caer en blancos y negros. No se trata tampoco de querer pasar por alguien más, pero nos, los seres humanos, tendemos a creer que somos de una manera determinada, cuando el afuera capta a veces, a menudo, otra realidad. Esa realidad captada por los otros suele responder más a una cuestión de necesidad que tiene ese otro de armar un ser de acuerdo a sus necesidades (ya sea para amarlo o para odiarlo), que de lo que somos verdaderamente. El otro proyecta sus fantasías positivas y negativas en nosotros y nosotros hacemos lo mismo con el prójimo... y así es como el ser humano se vuelve tripartito, pero no por estar compuesto de cuerpo-mente-espíritu sino por estar escindido de acuerdo al carácter que muestra, que tiene... y el que piensa que tiene.viernes 3 de abril de 2009
Despertar de la Crisálida: Mi nuevo Blog

Como no concibo mi vida sin la escritura, y ya ni siquiera se trata de si lo hago bien, moderadamente aceptable, o mal... porque no se trata de abarcar mucho y apretar poco, sino de armar espacios nuevos con distintos fines, Questa sono io... continuará siendo mi espacio misceláneo, el que más habla de mi forma de ser y experimentar la vida, el espacio en el que aparece la historia de una monja que termina llamándose José Evaristo, en donde pienso en voz alta sobre obras serias de autores profundos, un sitio de libertad que en breve cumplirá cuatro años, edad en que un niño empieza a ir al jardín de infantes... eso me causa impresión, que este blog tenga la edad de un infante escolarizado, que ya cuente con cuatrocientas cosas publicadas que versan desde una frase traducida, fotos del recuerdo, pensamientos, cuentos, dramaturgia, poesías y experiencias de mi vida, hasta análisis de algunas óperas... en fin, un mundo demasiado grande que no creo que alguien más que yo tenga el tiempo de revisar da capo a fine. jueves 26 de marzo de 2009
El tren pasa indefectiblemente a las siete

Soy de apasionarme, de quedar prendada, prendida, enlazada, cosida, bordada, involucrada, attached, je ne sais pas si malheureusement attachée ou heureusement amoureuse.
Soy de leer cuatro o cinco libros al mismo tiempo por una cuestión de ejercicio intelectual, de variedad de gustos y también porque no todos los días deseo sumergirme en lo mismo. Los jueves son distintos que los martes, y los lunes no se asemejan al viernes ni por asomo. Hay días para el teatro de Molière, otros para la dramaturgia de Carlos Gorostiza, los poemas de Robert Frost y las ocurrencias de Mark Twain. Hay tardes de lluvia para un Vargas Llosa, noches tranquilas para las biografías, mañanas soleadas para las lecciones de Stanislavski, o para las revistas de salud que me llegan al correo electrónico.
Existen momentos en que el cerebro pide descanso y necesita nutrirse de pavadas, cuando en otros ratos, el dramatismo toma protagonismo; no el melodrama barato, sino el drama que es parte del grito humano.

Luego de haber terminado de leer casi todas las obras de Sándor Márai, después de haber ido al teatro a ver “El último encuentro”, tan logradamente protagonizada por Duilio Marzio, Fernando Heredia e Hilda Bernard… bastante después de haber leído un par de libros de György Mikes, un húngaro de humor ácido que me cayó bien desde la primera frase, un emigrado a Londres que dedica años a observar y opinar sobre esas personas tan particulares que son los ingleses... aparece Frigyes Karinthy en mi vida, como si se tratara de un ser querido del cual tomo conocimiento a través de una carta vieja que se desvela ante mí por primera vez, como si unos padres le contaran a su hijo que tiene un hermano oculto en una clínica, y que no han sido presentados dado el historial dramático que aqueja al alienado.
Es raro lo que digo porque es raro lo que vivo. ¿Por qué habría de ser corriente lo que me sucede si leo historias extrañas de personas con las que siento identificación en algún punto, aunque más no sea en un pequeño punto expresado en una idea clara y vívida que llega a la hora oportuna? Me ha sucedido antes con George Sand. Un día se me pasó y quedamos en paz: ella desde su Más Allá y yo desde mi Más Acá.
...
El principio del fin de Karinthy comienza cuando él escucha un tren que pasa todos los días en el horario vespertino de las siete, una de mis horas favoritas; no sé si sería también la de él. Indefectiblemente, la locomotora cruzará las fronteras del espacio existencial de Frigyes en una Budapest en donde el tren ha dejado de pasar hace rato…

“Tal vez haya sido un camión pesado. Volví al misterioso refrán del crucigrama. Muy bien; pero un minuto después salía el segundo tren, con las mismas trepidaciones y estridencias. También esta vez gruñía, chirriaba y el ruido iba alejándose gradualmente.
Giré nerviosamente la cabeza hacia la bocacalle. ¿Desde cuándo pasan por aquí trenes? ¿O es que están probando algún vehículo nuevo? Había visto el último tren en las calles de Budapest a la edad de siete años; era un tren de vapor que pasaba por la calle Baross, donde vivíamos en aquella época. Desde entonces, que yo sepa, sólo existen tranvías eléctricos, pero el más próximo pasa bastante lejos, por la calle de la Universidad:”
Estos eran los primeros avisos de que los trenes existían dentro del cráneo de Karinthy, que cada tarde, en forma obstinada y repetida, enviaban el estruendo para ser percibido tan sólo por él y no por los demás transeúntes que caminaban las calles que él mismo gastaba con sus zapatos. Ellos no calzaban sus zapatos porque nadie está en condiciones de saber lo que es calzar los zapatos de un enfermo. Se puede imaginar, fantasear, pero Karinthy, como todo enfermo, estaba solo en su dolor, en su molestia, en su mundo particular. Tan solitario estaba en su realidad, que hasta su esposísima creyó que él padecía de la hipocondría inevitable por la que transitan los estudiantes del primer año de medicina, aunque él hubiera pasado escasamente por el primer semestre de dicha carrera hace muchísimos años.
Observé a lo largo de la obra, y no es un ensañamiento sino algo que me llamó la atención, malamente, sí... una cierta frialdad en ella, una psiquiatra que dedicaba sus días a los enfermos de las salas de un manicomio de Viena, estando su familia en Budapest, estando su marido caminando en zig zag porque el tumor ya era el timonel del barco.
“Tan sólo circulaban unos cuantos automóviles, nada más. Levanté bruscamente la cabeza tres veces seguidas, sólo al oír el cuarto tren, me di cuenta de que estaba alucinado.”

En principio, y a modo de cierto consuelo o negación, Frigyes recordó que cuando niño, solía escuchar voces que lo llamaban por su nombre en diminutivo, “Frici”. De manera que ahora, en la plena adultez a sabiendas de falta de tren en las cercanías, Karinthy recordó aquellas voces de la infancia y por unos instantes, eso le sirvió como explicación, aunque inmediatamente y debido básicamente a que estamos hablando de un hombre despierto, intelectual, literato, periodista y conocedor de la ciencia… las pequeñas e inocentes alucinaciones del pequeño Frici escuchando su nombre por las calles pasó a un plano inexistente de memoria pueril:
“Pero esta vez, se trataba de una cosa muy distinta. El ruido era imperioso, violento, encarnizado, una trepidación férrea, tan fuerte que llegaba a cubrir los pequeños ruidos de la vida real; el camarero me decía algo sin que yo me enterara de ello. Y en vano buscaba la fuente de esos ruidos. Deben de haberse producido dentro de mi cabeza.”
No obstante la extraña y molesta circunstancia, Karinthy pensaba que para ser síntoma de algo malo, el pasar de la locomotora era una cuestión de poca importancia. Para que su mal fuera un mal con todas las letras, tenían que suceder cosas peores.
Cuando estamos enfermos, necesitamos tomarnos un tiempo antes de aceptar la enfermedad a nivel consciente. No es corriente que alguien, sobre todo si es una persona que trabaja con las hipótesis (tal es el caso de Karinthy) se conforme con un gran mal antes del tiempo debido. La aceptación de un cuerpo maligno dentro de nuestro cuerpo, necesariamente requiere de un tiempo de decantación: Se descubren los síntomas, se busca, se investiga esperando encontrar algo que no coincida con lo que padecemos; ese algo no aparece, entonces el investigador agudiza y mejora los métodos, observa el mundo en forma global y parcializada, presta atención a los detalles más insignificantes de sí mismo y del resto de los mortales que lo rodean. El enfermo sabe que no es el mismo de antes; sin embargo, la aceptación del alienígena que penetra su ser sin permiso alguno, no es fácil de deglutir. El alienígena está ahí, acechando en todo momento; se calla, da tregua, juega, engaña, tal vez duerma porque él mismo llega a padecer cansancio... pero en cuanto el enfermo ve el rayo de luz y bebe de la copa de la esperanza, el mal vuelve a atacar y eso le sucedió al escritor.
Karinthy padeció un tumor cerebral que lo llevó a severos exámenes hasta llegar a la operación que les comenté en una entrada anterior, aquella cirugía de siete horas en que su cerebro se mantuvo suspendido, estando él despierto para evitar la muerte durante la cirugía, para poder extirpar la bola malévola que dominaba los movimientos del hombre, haciéndolo caminar con un marcado desvío hacia el costado, vomitar por largo tiempo hasta memorizar el lavabo y el retrete como su propio nombre, marearse, doblarse del dolor y aún así, seguir filosofando sobre la existencia humana.
Vuelvo a comenzar con mi frase inicial; será porque la ópera repite frases una vez tras otra porque solamente de esa manera se consigue poner énfasis en lo que es imperioso comunicar… y yo padezco de una sobredosis de ópera:
Soy de apasionarme, de quedar prendada, prendida, enlazada, cosida, bordada, involucrada, attached, je ne sais pas si malheureusement attachée ou heureusement amoureuse.
Sé que Karinthy Frigyes no me ha pasado inadvertido…
(continuará)
Fotos:
1 - firma de Karinthy Frigyes (a la usanza húngara de colocar en primer lugar el apellido seguido del nombre de pila)
2- Caricatura en acuarela y tintas de Karinthy.
3- De derecha a izquierda, el primer hombre sentado.
4- Tumba de Karinthy y su hijo Ferenc.
martes 17 de marzo de 2009
Unos a la gloria, otros a la ignominia (tercera parte)

La esencia del ser humano no ha cambiado ni cambiará. Podremos pasar de la moda anoréxica sin tetas a la anoréxica con siliconas, de las piernas regordetas a los palitos chinos, del lacio empedernido al rulo enloquecido, del hablar con la voz gangosa diciendo “tipo qué, tipo nada, naa, boluda” a recitar a Baudelaire por entre las góndolas del supermercado… y siempre existirán las personas buenas y generosas, los locos, los cuerdos, las frígidas, las ninfómanas, los impotentes, los sexópatas, los pacatos, los monolingües, los bilingües, los multilingües, la gente que es sexy desde la cuna versus los que expelen tanta hormona como un queso blanco light, los prejuiciosos, los open-minded, los ricos, los carenciados, los ricos que ayudan y los que ni piensan en el prójimo, los pobres que trabajan y los pobres que roban… los ricos honestos y los ricos que roban a cuatro manos, los pobres resentidos y los que no dan lugar al resentimiento.
La población del planeta es variada y extensa, vaya qué novedá, señor.

Insisto en que existen dos tipos de personas en el mundo: Los que comen y los que tragan lo que encuentran.
Dentro del primer grupo, la fauna es vastísima y merece la pena observar a cada individuo. Dentro de ese primer grupo (que es el que tiene energía para pensar) están los que son de derecha y los que son de izquierda; quien no come, mal puede tener tiempo para saber quién era Trotsky. Hay buena gente de los dos lados, de los tres, de los cuatro; hay buena cepa distribuida en grupos heterogéneos. La bonanza no depende de estar a favor o en contra del capitalismo, porque la calidad humana es harina de otro costal. En tal caso, podríamos hablar de la inteligencia y su uso, de qué tipo de pensamiento político conlleva determinada acción que incide en forma directa sobre nosotros. ¿Cuáles son nuestras prioridades?
El ser humano es político por naturaleza y cada quien, a su modo, hace proselitismo a viva voce, o en forma silenciosa. Ya desde chicos, tomamos partido por un tipo de acción: Compartir el sandwichito con la compañerita que no trajo nada, o comer sola haciéndome la paparula. Ya desde chicos, notamos a los que van a los cumpleaños solamente a comer y quienes van a compartir un rato con amigos y además a comer, quién prefiere comprar dos entradas en pullman y ver el recital desde más lejos porque llevar a su amigo estaba primero que el egoísmo de ir solo a platea… y quien va a la platea y se deleita contándole al amigo sobre lo espectacular que estuvo el recital.

Desde la más tierna infancia está el que alardea y el que calla, la que se cree que todos están enamorados de ella y la que está convencida de que nadie la querrá nunca; está el que se copia, el que no lo hace, el que se toma el estudio con responsabilidad y el que se aprovecha de lo que estudió otro. Todos estos tipos de niños son más tarde, tipos de adultos que repiten los esquemas de la infancia. El que no convidaba, sigue siendo un egoísta angurriento; cuidado con ése si te subís a un Titanic. Estás avisado.
La que se cree que todos están babeando por ella, será una desubicada que irá en minifalda a bailar con la hija para hacer competencia con ella, a ver quién de las dos es más linda. Be careful que esto no cambia con los años y deviene en patetismo.
Los que van exclusivamente a morfar a las fiestas no representan demasiado peligro, en tanto y en cuanto no les dejes tu casa a su cuidado. En su esencia está el querer aprovechar todo hasta las últimas consecuencias.
Sí, la política es inherente al pensamiento y todos estos hechos son políticos. Si bien no todos pertenecemos a un partido, sí somos poseedores de una corriente de pensamiento, empatizamos con ciertos conceptos… y si somos más o menos cultos, podemos afinar o afilar dicho pensamiento para comprometernos con un proyecto y así, no vivir a la deriva como ciudadanos. Obviamente que esto se aplica al grupo de los que comemos y no hemos quedado fuera del sistema, aunque están los que comen y no se instruyen porque no les interesa nada más que las fronteras de sus genitales.

Voviendo a los riesgos, creo que siempre hay que arriesgar cuando se siente la corazonada, salga como salga al final. No se nos va a presentar diez mil veces la misma oportunidad hasta que nos decidamos a tomarla; eso sería de película protagonizada por Adam Sandler o Ben Stiller, pero no de la realidad. En la vida contante y sonante, pasa el tren y hay que tomarlo o dejarlo pasar para siempre. Si nos subimos, siempre podremos bajarnos en algún momento, y si nos quedamos en la estación, sería bueno considerar que fuimos dueños de una posibilidad que elegimos desdeñar, y que el permanecer en tierra, en lo conocido y posiblemente más seguro, tampoco es una tragedia.
Lo fundamental es saber que las experiencias son únicas e irrepetibles y el tiempo no se quedará a nuestro lado esperando.
Cuando hice caso a mis corazonadas, siempre me fue mejor que cuando las acallé porque la razón me decía lo contrario. La mente es traicionera muchas veces, tapadora tramposa con sus vericuetos intelectuales, enroscadora profesional, aliada en el estudio y en la resolución de problemas lógico-matemáticos, aunque entorpecedora de cuestiones viscerales, sentimentales y de fe. La razón suele tapar la verdadera cepa de nuestros deseos y nos hace creer que queríamos otra cosa hasta que nos damos cuenta de que “por algo no tenía que ir a esa fiesta” o “menos mal que le hice caso a mi intuición y fui ese día a la entrevista”.

Volviendo a qué nos une a otros (que traté en las primeras partes de este escrito desordenado)… evidentemente el gusto por una determinada música no es punto de unión. No way, no alcanza. Conozco gente que ama la ópera y no nos une más que eso, ni siquiera nos une eso sino que es un gusto que coincide con el de otro, hasta quizás sea por motivos diferentes que a ambos nos gusta la ópera. Lo que me gusta a mí de la ópera sea posiblemente su intensidad avasallante que pasa de la explosión a la sutileza más fina en segundos, porque así es mi temperamento y me siento identificada. Es más algo energético y vital que algo intelectual. Si razonara la ópera, estaría ante un grave problema porque nadie se comunica con otros cantando frases lánguidas: “José Evaristo, laaaaa…. no puedo vivir sin ti, me duele el alma si no estás, la tortura de mi ser, la tortura de mi ser me sepulta, laaaaaaaa, le pido al justo cielo que me lleve, si tú, José Evaristo… no estás… laaaaaaaaaa”.
Si es por tener gustos parecidos, Hitler amaba a los perros y Mengele silbaba las óperas de Wagner. Me cuesta pensar en Mengele experimentando en su laboratorio de Auschwitz con las bellas tonadas de Siegfried saliendo de su boca, y no logro digerir la imagen de Hitler disfrutando de la compañía de un buen perrito que pudo haberle tocado como mascota a una de sus víctimas.

Me gustan el jazz, la poesía norteamericana, las plantas, las flores, el mar, la peluquería, los idiomas, la pintura, la fotografía, la escultura, obviamente el teatro… y sin embargo, de nadie me he hecho amiga por sus gustos sino por algo mucho más íntimo, profundo y genuino que cada ser lleva dentro: Sus sentimientos y convicciones sobre temas cruciales. Hay cosas con las que no se negocia. Por esto es que me molesta cuando a una persona se la clasifica, poniendo en práctica una técnica facilista que deja contento al que critica, al que lo escucha y le sigue la corriente, al que se consuela encasillando a alguien dentro de un estereotipo, al que deja perdiendo a otro porque se siente superior de algún modo.

Juguemos a la lista de “el mundo se divide en dos”:
- los insensibles y los sensibles
- Los egoístas y los altruistas
- Los ególatras y los autoflagelantes
- Las bellas y las bestias
- Los inteligentes y los imbéciles
- Los inteligentes que se saben inteligentes y los imbéciles que se creen inteligentes
- Los inteligentes que ni siquiera se detienen a ver si son inteligentes, y los imbéciles que aceptan con humildad su limitación.
- Los amantes del fútbol y los detractores del mismo
- Los fanáticos monotemáticos del fútbol y los que disfrutan del deporte sin que el mismo ejerza influencia drástica y directa en su estado de ánimo
- Los ricos de cuna, y los nuevos ricos
- Los pobres de siempre y los nuevos pobres
- Los ricos venidos a menos, y los ricos que multiplicaron sus bienes aún en los peores momentos del país
- Las mujeres que no tienen gusto personal sino que siguen la moda a rajatabla, y las que tienen personalidad.
- Las que se cuidan y las dejadas
- Las gordas y las flacas
- Las verdaderas flacas, y las anoréxicas
- Las gordas que tienen sexo y las que son vírgenes
- Las flacas que tienen sexo y las que son vírgenes
- Las monjas y las que no lo son
- Las monjas vírgenes y las que no lo son
- Los curas y los que no lo son (célibes or not)
- La gente que va a la iglesia, y la que no va
- La gente creyente en Dios y la que no lo es
- Los racistas y los que no lo son

- Los lectores y los que no abren un libro en su vida
- Los hombres que expelen testosterona a cada paso que dan y los que parecen un queso cottage.
- Las mujeres sexy que no son particularmente bonitas y las mujeres bonitas que no son sexy.
- Los que saludan cuando entran a un negocio y los que no creen necesario saludar al ser humano que está detrás del mostrador.
- Los que saludan al colectivero y los que lo toman por máquina expendedora de boletos.
- Los que no pueden morir sin haber ido a diez mil lugares en el mundo y los que son felices tomando mate en la puerta de su casa o en el porche.
- Los que usan auto y los que toman el transporte público.
- Los heterosexuales y los homosexuales.
- Las mujeres fértiles y las estériles.
- Los hombres fértiles y los estériles.
- Los que van a clínicas privadas con hotelería de lujo y los que se atienden en el hospital público.
- Los que hablan dos idiomas o más y los que a duras penas manejan uno.
- Los que odian a Estados Unidos y los fans de Estados Unidos
- Los que odian a Estados Unidos y los que sin ser fans, no odian a esa nación
- Los que aman a Fidel (pero no se van a vivir a Cuba) y los que no
- Los simpatizantes de los Nazis y los Anti-Nazis
- Los ricos y los pobres
- Los sinceros y los mentirosos
- Los sanos y los enfermos
- Los psicológicamente sanos y los psicológicamente enfermos
- Las rubias naturales y las rubias teñidas
- Los hombres que saben hacer el amor, y los que solamente descargan
- Las mujeres que saben hacer el amor, y las momias
- Las personas que tienen vida sexual y las que no la tienen
- Los monógamos y los polígamos

- Los conformistas y los exigentes
- Los irascibles y los mansos
- La gente de mal aliento y el resto de la humanidad
- Los que trabajan mucho y cobran poco y los que hacen poco y cobran mucho
- Los que trabajan mucho y cobran mucho, los que trabajan poco y cobran poco
- Los que consiguen jubilaciones por acomodos políticos y los que trabajaron cuarenta años y todavía están luchando por su jubilación
- Los hombres que llevan su edad con dignidad y los que se tiñen el pelo o usan peluquín
- Los hombres que engordan y los que se cuidan
- Las mujeres que llevan su edad con dignidad y las viejas vestidas de adolescentes
- Los que aman los tatuajes y piercing y los que no
- Los chupamedias y los independientes
- La gente fina y la gente mersa
- Los altos y los bajos
- Los de provincia y los de capital
- Los de personalidad adictiva y los que no la tienen
- Los diurnos y los noctámbulos
- Los escritores y los que no hacen ni la lista del supermercado
- Los que aman la televisión y los que la odian
- Los que miran la televisión y los que no miran
- Los adaptables y los rígidos
- Los abiertos y los necios
- Los vegetarianos y los carnívoros
… y tantos grupos más sumados a las combinaciones entre los citados...








