"Perspectivas I" no es un curso de arquitectura en fascículos, sino más bien una forma fasciculada de pensar por escrito a partir de lo cotidiano. Siento que en general, las diferencias que tenemos entre nosotros, se deben más que nada a una cuestión de perspectiva. De acuerdo al ángulo desde el cual vemos una situación, prejuzgamos, juzgamos, tomamos partido, armamos bandos y por estar con, tenemos que ponernos necesariamente en contra de.
¿Por qué? No todo encaja dentro de la frase "No se puede estar bien con Dios y con el Diablo". ¿Quién es Dios y quién el Diablo en cada historia? No toda circunstancia es así de tajante ni de clara, como la elección de un dios, o de un diablo.
Hay situaciones de duda, en las que ambas caras muestran una porción de verdad valiosa.
En estos días pasados tuve muchas ganas de publicar aquí; de hecho tenía otro material preparado que dejaré para otra ocasión porque hoy no es el día adecuado, quizás lo incluya dentro de la próxima entrega. Lo que me detuvo fue mi tendinitis, que suele ser más fuerte que yo, y cuando hace un rato que estoy escribiendo, se me duerme el brazo izquierdo. Entonces, me paro, hago otra cosa, voy a la terraza, me acuesto de espaldas sobre la cerámica caliente por el sol, y si no hay sol, me acuesto sobre pelotas de tenis, tomo baños de inmersión calientes como los de mi abuela Rosa, y regreso.
Cada día es distinto y sirve para algo diferente.
No creo en los días que no sirven para nada, ya que en realidad, siempre hay algo útil que extraer, aunque no sea algo agradable, como cuando llegamos a una conclusión, tomamos una determinación, nos damos cuenta de algo que antes no percibíamos. Eso es también tener un día productivo.
No creo que un día sea más útil por haber hecho diez trámites y enviado veinte cartas; eso es útil para seguir en el sistema, por supuesto, pero yo hablo de la productividad a nivel espiritual, intelectual, y física también. Entonces sí me parece muy productivo un día de paseo, una caminata en buena compañía, una película que nos despierta de algún letargo al reproducir una frase que también hemos pensado depuis longtemps, y que por alguna razón, no supimos exteriorizarla en el momento adecuado o con la persona abierta a recibirla.
Comulgué con la frase en que el hombre condenado a muerte, dice que ésta no le parece más que un regalo, al fin y al cabo, ya que él no estaría dispuesto a que sus costumbres terminaran adueñándose de sus deseos.
No está demás contar que el condenado era inocente, así es que fue visto y juzgado desde la perspectiva errónea, y él tenía muy claro lo que estaba dispuesto a perder y lo que no: La vida se puede perder pero los deseos e ideales no.
Es que hay circunstancias que son más importantes que la vida y la muerte, y mientras tanto, algunos viven la vida y otros necesitan calmar el desasosiego haciendo compras compulsivas, hablando mal de un pariente, inventando hipótesis que resultan ser falsas acerca del familiar, vecino o amigo. A veces, armando catástrofes en un grupo, algunos hacen catarsis de sus propias frustraciones y piensan: - Ya que yo no soy feliz, tampoco lo van a ser ustedes.
No tener perspectiva es actuar bestialmente cuando no era necesaria tal medida. La falta de perspectiva se ve también reflejada en una decisión de un momento: - ¿Para qué le voy a pedir perdón? ¿Para que se crea que siempre tendrá razón de ahora en más?
No. Hay que saber pedir perdón y bancarse la que venga después. Siempre habrá tiempo de retirarse si el otro se vuelve un tirano solamente porque le pedimos perdón, y eso no quita que debamos hacerlo, al menos para ejercitar un poco el grado de humildad que llevamos dentro (algunos a la vista, otros bien oculto).
Una persona que alguna vez estuvo vinculada a mi familia solía decir: - Yo no le pido perdón a nadie.
Y estaba orgulloso de eso, como si hubiese sido Karol Wojtyla o el padre Mario. Y fue una persona opuesta a Karol y a Mario, pero él estaba orgulloso de no pedir perdón.
Quise verlo desde otra perspectiva. Yo era chica pero no tarada. Me preocupé en bucear dentro de su pasado, y ver si había algún motivo que justificara el no pedirle perdón a quienes estafó con una farmacia en Barrio Norte, hermanos de su propia esposa; entre esos damnificados, mi madre. No encontré una perspectiva que justificara la estafa, ni otra que hiciera otro tanto con el "Yo no le pido perdón a nadie."
La calumnia, la injuria, lanzar hipótesis sobre una persona y ensuciarla... es otro de los caminos hacia el fracaso personal. Todo lo que hacemos, retorna a nosotros: Si decimos que Pirula anda con Fulano y es mentira, no esperemos que la vida nos sonría.
Si lanzamos al éter que So-and-So me robó esto y aquello y no tengo pruebas para demostrarlo, no esperemos que Dios nos ayude.
Si yo elijo un modo de vida heterodoxo por alguna razón, no debo esperar resultados ortodoxos.
Sí estoy convencida de que se debe esperar amor porque éste es fundamental en nuestra vida y quien diga que no necesita ser amado amando, ya está dándome un nuevo trabajo de pensamiento. Tendré que analizar su perspectiva porque me resulta ajena y pararse en la vereda de enfrente no es fácil. Sí es fácil analizar algo junto al que piensa como nosotros. Quizás algunos monjes y religiosas no necesiten del amor romántico-pasional porque su libido encuentra viabilidad total en la oración, la contemplación y las actividades espirituales. Para algunos será así, para otros, un salvoconducto hacia el escape del mundo.

Cada persona es distinta y en realidad, pienso que según la perspectiva con la que se mire esa vida, tal vez tenga más valor el poder pertenecer a una congregación deseada, que unir la vida a un amante, a un compañero que mañana se enamora de otra persona, porque al amar, uno arriesga y no toda persona está dispuesta a arriesgar.
Hay tanto para observar dentro y fuera de cada uno de nosotros.
Cuando camino por la calle, a veces pienso que entre todos los que andamos por ahí al unísono, deambula un pederasta, una mujer golpeada, un alcohólico, un suicida, una persona con alguna enfermedad terminal, un santo, una víctima, un victimario, el matarife de los sueños ajenos y el carnicero de la tranquilidad de otros, también el restaurador de lo dañado, la que alquila sueños, la que espera, el que se hace esperar, la que vive en una burbuja, la que se quitó la venda hace años...
El que observa desde lo alto sin orgullo, con pena; el que observa desde lo alto creyéndose superior, acaso inmortal. La que observa desde abajo cuando podría mirar desde arriba...
La que no ve nada,
El que tiene humildad para darse cuenta de que se equivocó,
El necio que se las sabe todas,
La histérica,
El cínico,
La Bella,
La Bestia
Nota: Como siempre, podéis reproducir y guardar las imágenes que aparecen en este blog. Esta tanda es también de este año. Raquel Barbieri.