jueves 12 de noviembre de 2009

No se puede prohibir a la flor... (A virágnak megtiltani nem lehet…)




Hoy, entre poemas y cartas, estuve releyendo casi todo lo que tengo hasta el momento de Sándor Petőfi, y creo que de lo que conozco, "No se puede prohibir a la flor" dice mucho sobre lo que opino de cualquier aspecto de nuestra vida en general: No se puede prohibir lo que está destinado a ser. En realidad, la prohibición puede ejercerse por la fuerza, suave y persuasivamente, lentamente, tajantemente, pero en el interior de cada uno de nosotros, nuestra alma es libre. Podemos arrancarle a una flor todos sus pétalos, masticarlos y escupirlos, pero eso no ha hecho que la flor no existiera. Con el amor pasa lo mismo.
Me conmueve el lirismo de este poeta húngaro, su profundidad que a primera vista pareciera aveces solamente espontaneidad y lozanía, y sin embargo, esas palabras llenas de frescura expresan lo genuino que es en sí profundo sin caer en lo complicado; como un Mozart de la poesía.
No suele ser fácil ser profundo y fresco al mismo tiempo, y Petőfi lo logra.

A virágnak megtiltani nem lehet,

No se puede prohibir a la flor

Hogy ne nyíljék, ha jön a szép kikelet;

Que se abra, si viene la primavera bella,

Kikelet a lyány, virág a szerelem,

Primavera es la muchacha, flor es el amor,

Kikeletre virítani kénytelen.

Para la primavera se ve obligada a florecer.


Quiero creer que la inspiradora de estos versos, a quien él se los escribió quizás bajo la sombra de un árbol, o sentado en la orilla del Balaton, del Danubio mirando desde Pest hacia Buda, o sobre una mesa minúscula viendo por la ventana el cielo, quizás la nieve... retomo: deseo que ella haya llegado a leerlo a tiempo.
Basta ya de historias en donde los amores se destapan post-mortem, por favor.
Necesito creer que ella supo que Sándor la amaba y le correspondió.

Sándor, Alejandro para nuestra lengua, un Él que no es cualquier él, sino el hijo de István y Mária, alguien que como la mayoría de los húngaros de cierto tiempo, se encontró cuando menos lo esperaba con lo inesperado, con que la vida ejercería sobre él y su familia un viraje drástico. La inundación del Danubio de 1838 juntamente con la bancarrota de un familiar los devastó, haciendo que el joven de quince años se viera obligado a dejar la escuela.

Hoy pensaba que aunque parezca algo absolutamente loco, una idea demencial, incoherente... muchas veces el haber tenido que abandonar forzosamente los estudios ha producido el efecto inverso al previsto, que en vez de entregarse a un destino chato, un hombre o una mujer crecieran en su fuerza espiritual y emocional para darle un vuelco positivo a sus vidas golpeadas y convertirse luego en escritores destacados, en personas que tuvieron algo para contar que no moría dentro de las paredes de la mediocridad y del "más de lo mismo".
Ellos han sido inspirados por sus antecesores y a la vez, nos inspiran a los que todavía estamos vivos.

Kedves babám, megláttalak, szeretlek!

Mi querida muñeca, te vi, te empecé a amar,

Szeretõje lettem én szép szemednek –

Llegué a ser amante de tus bellos ojos --

Szép lelkednek, mely mosolyog szelíden

De tu alma hermosa que sonríe mansamente

Szemeidnek bûvösbájos tükrében.

En el espejo de tus ojos mágicos gentiles.

Titkos kérdés keletkezik szivemben:

Una pregunta secreta surge de mi corazón:

Mást szeretsz-e, gyöngy virágom, vagy engem?

¿Amas a otro, mi muguet, o a mí?

Egymást ûzi bennem e két gondola

Los dos pensamientos se persiguen dentro mío,

Mint õsszel a felhõ a napsugarat.

Como en el otoño la nube al rayo del sol.


Jaj ha tudnám, hogy másnak vár csókjára

Oh, si supiera que espera el beso de otro

Tündér orcád teljében úszó rózsája:

La rosa que refleja tu rostro de hada

Bujdosója lennék a nagy világnak,

Sería un errante de este gran mundo,

Vagy od’adnám magamat a halálnak.

O me entregaría a la muerte.


Admirador de Percy Shelley y Heinrich Heine, amante del teatro, de la naturaleza, de su patria, de los Cárpatos, del amor y de la vida... su partida de este mundo es aún un misterio. La versión oficial dice que murió sirviendo al ejército transilvano y que fue asesinado por las tropas rusas. También puede haber sido enviado a Siberia, en donde muchas vidas encontraron su callejón sin salida a espaldas del conocimiento del afuera, una verdadera película de terror.
Hay médicos que afirman haber reconocido su esqueleto, aunque otras personas dijeron haberlo visto mucho después de declarada su muerte vagando de incógnito por las calles de Budapest. También se habla de impostores que tras su muerte afirmaban ser el gran poeta.
Sea como fuere, Sándor Petőfi vivió una corta e intensa vida que hasta el día de hoy, ha trascendido y dejó un legado de valor inconmensurable:
Hay vidas que valen la pena ser vividas y ésta es una de ellas.

Ragyogj reám, boldogságom csillaga!

¡Brilla sobre mí, estrella de mi felicidad!

Hogy ne legyen életem bús éjszaka;

Que mi vida no sea una noche triste,

Szeress engem, szívem gyöngye, ha lehet,

Ámame, perla de mi corazón, si es posible,

Hogy az isten áldja meg a lelkedet.

¡Que Dios bendiga tu alma!


Y ha de ser también como escribiera otro húngaro que me encanta, Albert Wass (lo diré con mis palabras, como lo recuerdo), que no nos damos cuenta de que respiramos mientras el aire es puro, sino cuando hay humo en el ambiente y tenemos dificultad para hacerlo. Así es que jamás percibimos que somos libres mientras gozamos de la libertad, sino cuando carecemos de ella. En esos momentos es cuando nos surge la sed desesperada y persistente en pos de una libertad que antes dábamos por sentada y no veíamos. Sándor Petőfi ante su propia sed de aprendizaje y de letras, trabajó en teatros en la ciudad de Pest, y luego fue maestro.

Terminó como soldado, nada extraño en esos años y en el sitio en que le tocó nacer. Absorbió todo lo que su vida pudo darle y escribió una cantidad de letras tan tremenda, que parece imposible que solamente haya vivido veintiséis años.

Petőfi... No parece haber sido cualquier "Él", sino uno de esos seres especiales que pueden expresarse desde el alma sin pasar por los filtros de los temores.



miércoles 28 de octubre de 2009

Tras las ventanas

Ella, una posible María Laura con sobredosis de romanticismo, mira tras la ventana de su esquina de Villa del Parque, y piensa en él, quizás Gerardo, un Gerardo demasiado racional cuando se lo propone y romántico al fin cuando María Laura decide (no sin esfuerzo) racionalizarse.
Un lazo invisible los une a pesar de sus desavenencias y desencuentros.
¿Quién dijo que el amor perfecto es aquél que resulta fácil? Quizás, la prueba fehaciente del verdadero amor, sea el poder pasar las pruebas y aún así continuar.
Ella mira desde su ventana que por fuera no parece nada del otro mundo, pero que por dentro es un ojo fantástico hacia el universo exterior, y le escribe un mensaje de texto, a media hora de haberse despedido:

Recibo tus besos,
circulares,
envolventes,
masculinos,
dulces,
abrasadores,
únicos
y te envío los míos,
igual de prolongados,
sabrosos,
apasionados,
llenos de tanto...
como los de hoy.

Y el que se llama Gerardo, que también podría ser Marcelo o Germán, recibe el mensaje de María Laura y sonríe complacido, ancho de ser el receptor de una pasión ardorosa, cuando tanta gente transcurre su vida sin pasión de ninguna índole, ni siquiera un atisbo de frenesí por una profesión o por una causa existencial, menos aún por otro ser humano, uno que le haya hecho cambiar hasta el metabolismo y ciertas estructuras de pensamiento, alguien que le haya movido una pieza de su rompecabezas mental y hormonal, dejándolo desarmado, lleno y vacío... lleno de amor, vacío de supersticiones y conceptos errados, lleno de vitalidad y vacío de viejos patrones de comportamiento, para poder así asimilar nuevas circunstancias.

Sí, Gerardo, Marcelo, Germán... como se llame el agraciado cuyo escritorio está prolijamente dispuesto detrás de esta ventana de la calle Condarco... este hombre está feliz, y responde el mensaje con una poesía de Albert Wass, quien murió esperando que le devolvieran sus Cárpatos, pero mientras vivió, supo bien qué era el amor...


Veo que hoy caminaste por aquí,
dejaste una huella sobre el césped cubierto de rocío.
Quizás los pájaros también cantan por esto
y Dios también dirá por esto quizás:
que haya tiempo hermoso hoy!
También por esto salió el sol tan temprano,
para que pueda besar esta pequeña huella,
que lleva hasta el bosque de hayas.
Ya al bosque de hayas ni echa una ojeada:
en el bosque de hayas de todas maneras se perdió.
Por esto cayó hoy el rocío,
para que, donde caminas, quede una huella minúscula.
Y que haya algo que un caminante extraño
besuquee en el césped cubierto de rocío.


domingo 18 de octubre de 2009

Tras las puertas

Rodelinda B. vive detrás de esta puerta y da clases de piano a alumnos elegidos a dedo, a aquéllos a los que siente que transmitirá algo que aunque pequeño, sea perdurable y la convierta a ella misma en alguien que dejó una huella en este mundo. Por eso quizás tiene pocos clientes y de características heterogéneas, y su alma está llena de notas en tonalidades mayores y menores, desde que se despierta hasta que se va a dormir, y aún en la vida onírica; desde escalas elementales tocadas por deditos infantiles, hasta la rapsodia número dos de Liszt ejecutada por algún varón agraciado, medio parecido a Ralph Fiennes, de mirada expresiva y vestir algo demodé o quizás snob, con los ojos perdidos en la partitura que Rodelinda comprara en la Antigua Casa Begega de Villa del Parque durante la década del setenta, cuando la pianista de barrio rozaba ya unos treinta septiembres que parecían cuarenta… los días de sol, y cincuenta, cuando llovía.

Federico S. es el guardián de los sueños de la casa de la calle Nazarre, y ama la puerta de su casa con semejante intensidad a la que preserva su vida. Esa casa es la misma que lo vio nacer hace setenta años. Así es que desde que ni siquiera alcanzaba el lavabo, hasta hoy que el borde de éste le llega por debajo de la cintura, él peina su precioso cabello blanco una vez por día y se mira, viendo mucho más allá de las marcas que el tiempo ha repujado en su divino rostro. Federico se ha mirado en los mismos espejos y ha caminado los mismos trechos toda su vida; es todo lo que sé. Siempre se ha visto a sí mismo desde la misma perspectiva, y en ella se encuentra cómodo; por eso ama su puerta detentora y no permite que la casa se venga abajo, ya que el día en que eso suceda, él caerá junto con ella.

Las hermanas De la Vallée viven tras esta puerta y casi no salen a descubrir el afuera porque en cierto modo, le temen y sienten que el mundo no las quiere, que no les ha prestado la debida atención hasta ahora, y en realidad, ahora mismo es ya algo tarde para empezar; todo depende de qué sea lo que se quiere empezar. No obstante, las francófonas disfrutan de su hogar y algo aniñadamente, viven como cuando llevaban el pelo trenzado y jugaban a saltar la cuerda en el jardín. Yo me pregunto si alguien las visitará alguna vez, si habrá pasado un novio por sus vidas, y no sé por qué me hago tales preguntas si la respuesta viene obvia, un No rotundo. No ha ocurrido nada de eso que yo les desearía: visitas y algún novio en su pasado, alguna foto masculina en su álbum, y no precisamente las que sí tienen, de Montgomery Clift, Charlton Heston, Gregory Peck y otros novios de fantasía. El paso de las hermanas por aquí ha transcurrido en silencio y en silencio partirán, dejando sus trenzas y su soga de saltar…

Detrás de esta puerta de la calle Terrada, vive un matrimonio que se casó a una edad fuera de los estándares que marca la sociedad, y me puso contenta de que se hicieran cosas fuera de lo trillado. Él era casi octogenario y ella... no precisamente una piba, aunque bastante más joven que él según el documento de identidad.
Se conocieron en un cacerolazo en el centro de Buenos Aires, protestando contra el gobierno, y cuando a Sonia, por su vehemencia desbordada se le cayó la cacerola sobre los pies de Eduardo, la miró y se descubrió a sí mismo todavía joven para amar, para lo cual no existe la fecha de vencimiento.
Ella tardó un poquito más en descubrir qué le pasaba porque estaba ensimismada en sus fracasos amorosos, y por eso, tuvieron que encontrarse una y otra vez, pero ya con cita armada para un café, esta vez sin ollas ni sartenes en el medio, sino con perfume, linda ropa y buen semblante.
El primer café se tomó en el barrio de Belgrano, el segundo, en Belgrano R; el tercero en Barrio Norte, el cuarto en Retiro, el quinto en Recoleta, luego Devoto, Villa del Parque y Palermo... y así se acercaron desde el alma para luego llegar al cuerpo.
Sonia y Eduardo se encontraron a causa de una protesta y terminaron viviendo bajo el mismo techo, compartiendo desayunos y risas, lecturas, películas y sueños.

Don Vladimiro vive con la nieta detrás de los confines de esta puerta tan común en el barrio de Devoto. He espiado parte de su casa por dentro, cuando en la hora del crepúsculo Miranda corre las cortinas, abre las celosías y se ve entonces al abuelo leyendo mientras fuma pipa y la nieta enciende simultáneamente sahumerio para neutralizar de alguna forma, el aroma del hogar. Los muebles son lindos; no alcanzo a ver si de roble o nogal porque la luz que usa Don Vladimiro para leer proviene de una lámpara de pie que por su pantalla de tela, pinta de un cerúleo semioscuro el ambiente agradable. No puedo quedarme más porque Miranda se acerca con cara de pocos amigos, pero ya me dio bastante material para trabajar mi imaginación.

Tras las rejas, una puerta cuidada, y tras la puerta, un matrimonio joven que ha decidido habitar una casa de estilo que les remite a sus infancias felices; bien por ellos. Tienen cuatro hijos, dos aún en jardín de infantes y otros dos en la primaria: tres varones y una nena que es un angelito, una preciosura simpática que saluda a cualquiera que pase, un encanto que parece provenir de otros tiempos, como las fotografías de cuando mi abuelita era chica. La nena se llama Cristal... esos nombres que antes eran sustantivos comunes, que han devenido en propios solamente colocando la mayúscula inicial, por obra y gracia de la imaginación humana. No quiero saber qué apellido tendrá Cristal porque temo desencantarme y que me suene a culebrón de las cuatro de la tarde. Prefiero identificar a la niña con la belleza y delicadeza del cristal; quiero pensar que será una mujer cariñosa, inteligente, transparente y dedicada a hacer más bien que mal mientras le toque estar en este mundo.


Fotos y textos de Raquel Barbieri

jueves 15 de octubre de 2009

Perspectivas III - Blog Action Day 2009

un ave de Bariloche captada en su disfrute por mis primos

Llegó el día en que nos han solicitado publicar un artículo acerca del cambio climático mundial, encarando cada cual su texto hacia donde perfilan sus intereses como persona. Ya publiqué el mío en el blog de idiomas, al cual se puede acceder haciendo click en el título de esta entrada, así como entrando directamente a:

A su vez, si desde allí desean ingresar a la página madre, haciendo click en el título, entrarán al website de Blog Action Day:

el pato de mi escuela de jardinería

¿Para qué es esto? Porque no podemos continuar de esta manera tan irresponsable, y no hablo de todos porque hay mucha gente que separa la basura, que produce la menor cantidad de contaminación posible, que se fija en qué material compone lo que va a comprar, para saber si se degradará o no con el tiempo, y quizás decide gastar un poco más de dinero pero hacer una elección más pro-vida.
En general, somos de cuidar nuestra casa, de barrer y limpiar los pisos, cambiar nuestras sábanas y refrigerar nuestros alimentos (los que podemos hacerlo, claro está); no se comprende entonces por qué la calle parece ser un gran basurero en donde la gente arroja desde el colectivo bolsas de plástico, botellas, restos de comida, y cuando desde los autos salen volando colillas encendidas de cigarrillos y goma de mascar (chicle, para los argentinos) que comerá algún ave inocente para luego morir.

el perro y la tortuga de mi prima

¿Cuesta tanto pensar en los demás seres vivos? ¿Por qué no tenemos imaginación para dejar de perjudicar el medio ambiente, aunque sí surge la imaginación a la hora de maltratar a un animal, destruir una plaza, romper un árbol, quemar porquerías?
¿De qué se está quejando el que nos ahoga, el que nos ensucia, el que hace bolas de goma de mascar sabiendo que el dulce de la sustancia atrae a los pájaros?
¿En dónde se enseña y en dónde se aprende?
En la casa, en la escuela, leyendo, viviendo y observando que los seres que nos rodean son nada más y nada menos que un milagro y que nosotros no somos quiénes para destruirlo. En tal caso, si nos es indiferente un perro o un gato callejeros, un pájaro herido o una pobre persona a la que le falta una pierna y pide limosna, por lo menos, no les hagamos la vida más triste de lo que la tienen ya.


Renata

Gran parte del desastre de contaminación de este planeta se debe a nuestra indiferencia atroz, el gran problema de la historia de la humanidad, el único por donde podría empezar a enmendarse el desastre en el que estamos inmersos.

Si dejáramos de ser indiferentes, no nos pasarían inadvertidos ciertos descuidos que provocan un final triste. Si echamos insecticidas indiscriminadamente, si arrojamos las pilas sulfatadas a la tierra directamente, pudiendo encerrarlas en botellas de plástico bien tapadas para que al menos se conserven en cautiverio y no envenenen el suelo que pisamos, en donde probablemente pueda llegar a plantarse un alimento que nos llevaremos a la boca; si todo nos da igual y el mundo es para nosotros algo sin importancia, un día ya no podremos ni siquiera respirar sin algún aparato que filtre el aire contaminado.


Queremos un mundo más limpio en donde respirar no llegue a ser un lujo y en donde se respeten los espacios de los demás, sean estos "demás" plantas, animales o seres humanos.


martes 6 de octubre de 2009

Perspectivas II

La arquitectura denota el pensamiento de una época y lugar, en donde los hacedores dibujan a escala, expanden, esculpen y vierten sobre el material perdurable la muestra de una estética que refleja en cierta medida, las características de la filosofía de la época. Otro tanto hacen los escenógrafos, aunque el material es efímero y la inmortalidad queda en las fotos.
Mientras existieron tiempos en que la arquitectura era más una obra de arte que algo meramente funcional, se criticó la opulencia. Cuando surgieron edificios horribles y planos, descoloridos y sin ornamento alguno, se criticó la fealdad y rigidez.
La crítica es una enfermedad crónica, de la cual yo no estoy exenta.

No puedo apartar mis ojos de los edificios (de estilo) cuando viajo en el colectivo, en un auto o sencillamente, cuando voy caminando.
Desde que era chica, me gustó mirar hacia arriba porque los edificios tienen una de sus mejores partes allí, en los techos y cúpulas, en la teja pizarra, en los capiteles, en la terminación que cada artista dio y hace que cada obra tenga su marca particular, la ornamentación mágica de las vistas aéreas, lo que denota que una ciudad es ésa y no otra.
Cuando tomé estas fotos, no siempre fueron días felices y llenos de gloria. Quizás por eso las haya tomado, para adueñarme de una porción de mundo y conservar para siempre la imagen multidimensional en mi cerebro, biplana en estas fotos que me recuerdan un momento que decidí hacer perenne, porque lo que veía me fascinaba y me redimía de lo otro.

Solemos idealizar la vida del otro, y el otro, hacer otro tanto con la nuestra; pensamos que es más feliz una persona que otra sólo por lo que se presume desde afuera o desde sus palabras presuntuosas; asumimos, damos por sentado, y es virgen la que tiene facha de, aunque no lo sea, y pasa a ser puta ante nuestros ojos una virgen o una que sin ser virgen es una no-puta; simplemente nos dejamos guiar por lo que la apariencia nos dicta y reaccionamos de acuerdo a un patrón de estructura mental adquirido desde la infancia.
Solemos pensar que la persona más sumisa y callada es buena, sencillamente porque traga y no vomita; hasta quizás sea cobarde y reaccione desmesuradamente en el momento menos pensado. Asumimos que quien grita a lo animal feroz, no puede más que ser una bestia peluda. Sí, es desagradable, pero no siempre un animal herido es lo peor con lo que podemos encontrarnos.
A veces, de tan complicados, pasamos a ser demasiado simplistas los humanos.

No tantas veces las apariencias dicen la verdad, sí expresan parte de la realidad, ya que la realidad es lo visible, lo tangible... pero la verdad es algo más profundo que existe muy a nuestro pesar y que aunque tapemos, seguirá estando allí.
Veo a la realidad como aquel conjunto de situaciones que elegimos para mostrar al mundo, mientras que la verdad es lo que vive dentro de nosotros y nos trasciende.
La realidad es manejable y la verdad... no siempre ni tanto.

La arquitectura refleja de lo que es capaz el ser humano cuando se mentaliza positivamente, cuando vive su existencia para dejar algo bueno, un motivo de estudio para otros, un templo que servirá para que alguien tome una decisión trascendente, un museo en donde alguien encontrará su vocación, o un Empire State, en donde los enamorados harán citas y se prometerán un amor eterno que raramente se da, pero que es emocionante creer que existe porque insufla de energía vital cada mañana y cada noche al ir a dormir.

Michelangelo pensó en lo trascendente y no en si quedaría jorobado y avejentado por trabajar tantos años en la Capilla Sixtina, colgado de andamios incómodos y discutiendo con papas insoportables, aguantando la presión de todos aquellos trabajos intermedios que estaba obligado a realizar en un tiempo límite, aún cuando se encontrara retrasado con los frescos de la Capilla.
Él veía algo más allá, inalcanzable a los ojos de un ser chato; veía algo arcano al pensamiento que prima hoy día.
Este comentario no viene de la nada; me dio bronca recibir en mi correo electrónico un aviso de exhibiciones de arte en salas importantes de Buenos Aires, y hay cada pintora que exhibe... y cuando se ve el apellido, es el mismo que el del dueño de un museo.
Claro, se entiende la tentación, pero de allí a que le hagan una buena crítica a una cochambre que cualquier chico con ataque al hígado podría pintar una tarde de mal humor... hay un abismo.


Vivir en un mundo lleno de perspectivas distintas, nos desencaja, desestructura e invita a ver la vida con nuevos ojos. Hace mal un rato, pero después de tomar bicarbonato y volver en sí, hace bien saber en dónde se está parado.

El mundo de hoy, con todas sus ventajas, es también un mundo en el que se confunde casi todo. Entonces se le llama artista a cualquiera que estampa un ladrillo contra un lienzo, le lanza ketchup a la distancia y dibuja como criatura de jardín de infantes, llamando a la maravilla: Confrontación estructural entre el pensamiento primario y la dureza de una sociedad emergente.
"Si el sabio calla malo, si el necio aplaude, peor"

En el fondo, todos, hasta el chanta que pintó el cuadro y el entorno que lo sustenta, saben que es un blef, un fiasco, una aproximación al querer ser, un querer darle el gusto a la nena para que no se traume, tenga la nena veinte o cincuenta años. Vale para la escritura, para la régie y para lo que venga en donde exista el acomodo.

Las perspectivas distintas van desde lo que es feo para alguien y hermoso para otros, justo para uno e injusto para otro, hasta la elección de un estilo de vida.

Las perspectivas diversas hacen que haya gente para la cual Mozart es aburrido y la cumbia villera, lo más.

Mientras más se baja el estándar cultural de la persona, más surgen con fuerza las novelas en donde la abuela se acuesta con el peón, y da a luz a un niño lobo que termina casándose con la señorita de la casa, que a su vez cambia de sexo a la edad de treinta años y al pasar a ser hombre, se casa con su propia abuela que se cansó del peón, pobre hombre despreciado que se conforma con una monja devenida diseñadora de modas.

En estos días más que nunca antes, pensé en que la realidad es más virtual que otra cosa. También, por vivir mi propia vida y escuchar a quienes se sinceran conmigo, me doy cuenta de que una gran cantidad de gente preferiría estar en otro sitio y con otra persona, bajo otras circunstancias.

Nunca admiré a los que dicen que volverían a hacer las cosas exactamente como las hicieron, que no se arrepienten de nada, y todo el bla bla bla que sigue. Lo he escuchado en reportajes, en salas de espera y en confiterías. Admiro a quien admite un equívoco y el crecimiento que ese reconocimiento le trajo, aunque tenga que llorar.
A mí me sirve más arrepentirme de haber dejado pasar una oportunidad única, un regalo de la vida, y me deja más madura para afrontar mi futuro de otra manera, habiendo crecido, un futuro que puede constar de veinticuatro horas o de cincuenta años a partir de ahora. No me quiero ir del mundo necia y sin saber a quién he querido y por qué, a quién he llorado y por qué.
No dejaré ninguna Capilla Sixtina, qué lástima, pero no tengo el talento de Michelangelo ni la belleza de Nicole Kidman, ni la bondad de Teresa de Calcutta, ni la paciencia de Penélope.
Aún así, valgo la pena.



Como siempre os digo, usad mis fotos si os agradan.

domingo 27 de septiembre de 2009

Perspectivas I

"Perspectivas I" no es un curso de arquitectura en fascículos, sino más bien una forma fasciculada de pensar por escrito a partir de lo cotidiano.
Siento que en general, las diferencias que tenemos entre nosotros, se deben más que nada a una cuestión de perspectiva. De acuerdo al ángulo desde el cual vemos una situación, prejuzgamos, juzgamos, tomamos partido, armamos bandos y por estar con, tenemos que ponernos necesariamente en contra de.
¿Por qué? No todo encaja dentro de la frase "No se puede estar bien con Dios y con el Diablo". ¿Quién es Dios y quién el Diablo en cada historia? No toda circunstancia es así de tajante ni de clara, como la elección de un dios, o de un diablo.
Hay situaciones de duda, en las que ambas caras muestran una porción de verdad valiosa.
En estos días pasados tuve muchas ganas de publicar aquí; de hecho tenía otro material preparado que dejaré para otra ocasión porque hoy no es el día adecuado, quizás lo incluya dentro de la próxima entrega.
Lo que me detuvo fue mi tendinitis, que suele ser más fuerte que yo, y cuando hace un rato que estoy escribiendo, se me duerme el brazo izquierdo. Entonces, me paro, hago otra cosa, voy a la terraza, me acuesto de espaldas sobre la cerámica caliente por el sol, y si no hay sol, me acuesto sobre pelotas de tenis, tomo baños de inmersión calientes como los de mi abuela Rosa, y regreso.

Cada día es distinto y sirve para algo diferente.
No creo en los días que no sirven para nada, ya que en realidad, siempre hay algo útil que extraer, aunque no sea algo agradable, como cuando llegamos a una conclusión, tomamos una determinación, nos damos cuenta de algo que antes no percibíamos. Eso es también tener un día productivo.

No creo que un día sea más útil por haber hecho diez trámites y enviado veinte cartas; eso es útil para seguir en el sistema, por supuesto, pero yo hablo de la productividad a nivel espiritual, intelectual, y física también. Entonces sí me parece muy productivo un día de paseo, una caminata en buena compañía, una película que nos despierta de algún letargo al reproducir una frase que también hemos pensado depuis longtemps, y que por alguna razón, no supimos exteriorizarla en el momento adecuado o con la persona abierta a recibirla.

Comulgué con la frase en que el hombre condenado a muerte, dice que ésta no le parece más que un regalo, al fin y al cabo, ya que él no estaría dispuesto a que sus costumbres terminaran adueñándose de sus deseos.
No está demás contar que el condenado era inocente, así es que fue visto y juzgado desde la perspectiva errónea, y él tenía muy claro lo que estaba dispuesto a perder y lo que no: La vida se puede perder pero los deseos e ideales no.

Es que hay circunstancias que son más importantes que la vida y la muerte, y mientras tanto, algunos viven la vida y otros necesitan calmar el desasosiego haciendo compras compulsivas, hablando mal de un pariente, inventando hipótesis que resultan ser falsas acerca del familiar, vecino o amigo. A veces, armando catástrofes en un grupo, algunos hacen catarsis de sus propias frustraciones y piensan: - Ya que yo no soy feliz, tampoco lo van a ser ustedes.

No tener perspectiva es actuar bestialmente cuando no era necesaria tal medida. La falta de perspectiva se ve también reflejada en una decisión de un momento: - ¿Para qué le voy a pedir perdón? ¿Para que se crea que siempre tendrá razón de ahora en más?
No. Hay que saber pedir perdón y bancarse la que venga después. Siempre habrá tiempo de retirarse si el otro se vuelve un tirano solamente porque le pedimos perdón, y eso no quita que debamos hacerlo, al menos para ejercitar un poco el grado de humildad que llevamos dentro (algunos a la vista, otros bien oculto).

Una persona que alguna vez estuvo vinculada a mi familia solía decir: - Yo no le pido perdón a nadie.
Y estaba orgulloso de eso, como si hubiese sido Karol Wojtyla o el padre Mario. Y fue una persona opuesta a Karol y a Mario, pero él estaba orgulloso de no pedir perdón.

Quise verlo desde otra perspectiva. Yo era chica pero no tarada. Me preocupé en bucear dentro de su pasado, y ver si había algún motivo que justificara el no pedirle perdón a quienes estafó con una farmacia en Barrio Norte, hermanos de su propia esposa; entre esos damnificados, mi madre.
No encontré una perspectiva que justificara la estafa, ni otra que hiciera otro tanto con el "Yo no le pido perdón a nadie."

La calumnia, la injuria, lanzar hipótesis sobre una persona y ensuciarla... es otro de los caminos hacia el fracaso personal. Todo lo que hacemos, retorna a nosotros: Si decimos que Pirula anda con Fulano y es mentira, no esperemos que la vida nos sonría.
Si lanzamos al éter que So-and-So me robó esto y aquello y no tengo pruebas para demostrarlo, no esperemos que Dios nos ayude.
Si yo elijo un modo de vida heterodoxo por alguna razón, no debo esperar resultados ortodoxos.

Sí estoy convencida de que se debe esperar amor porque éste es fundamental en nuestra vida y quien diga que no necesita ser amado amando, ya está dándome un nuevo trabajo de pensamiento. Tendré que analizar su perspectiva porque me resulta ajena y pararse en la vereda de enfrente no es fácil. Sí es fácil analizar algo junto al que piensa como nosotros.
Quizás algunos monjes y religiosas no necesiten del amor romántico-pasional porque su libido encuentra viabilidad total en la oración, la contemplación y las actividades espirituales. Para algunos será así, para otros, un salvoconducto hacia el escape del mundo.


Cada persona es distinta y en realidad, pienso que según la perspectiva con la que se mire esa vida, tal vez tenga más valor el poder pertenecer a una congregación deseada, que unir la vida a un amante, a un compañero que mañana se enamora de otra persona, porque al amar, uno arriesga y no toda persona está dispuesta a arriesgar.
Hay tanto para observar dentro y fuera de cada uno de nosotros.

Cuando camino por la calle, a veces pienso que entre todos los que andamos por ahí al unísono, deambula un pederasta, una mujer golpeada, un alcohólico, un suicida, una persona con alguna enfermedad terminal, un santo, una víctima, un victimario, el matarife de los sueños ajenos y el carnicero de la tranquilidad de otros, también el restaurador de lo dañado, la que alquila sueños, la que espera, el que se hace esperar, la que vive en una burbuja, la que se quitó la venda hace años...

El que observa desde lo alto sin orgullo, con pena; el que observa desde lo alto creyéndose superior, acaso inmortal.
La que observa desde abajo cuando podría mirar desde arriba...
La que no ve nada,
El que tiene humildad para darse cuenta de que se equivocó,
El necio que se las sabe todas,
La histérica,
El cínico,
La Bella,
La Bestia
...






Nota: Como siempre, podéis reproducir y guardar las imágenes que aparecen en este blog. Esta tanda es también de este año. Raquel Barbieri.

jueves 10 de septiembre de 2009

Círculo vicioso, escalada y nubes negras (reflexiones)

La primera vez que tuve que tratar públicamente el tema del círculo vicioso fue dando una clase sobre el existencialismo en Sartre, Kafka y Camus, llevado deliberadamente al hecho teatral y específicamente en relación al absurdo de Beckett, Ionesco y Genet.

Nos encontrábamos analizando algunas obras, en busca de los puntos conectores entre las situaciones de los personajes. Estábamos en la búsqueda de un lenguaje que expresara algo rompiente con las estructuras preconcebidas del teatro clásico, para así exprimir las posibilidades que sólo pueden emerger agrietando una coraza de formato rígido. Así se puede entrar en el existencialismo sin caer en el pesimismo.

¿Suena raro? Seguro que sí, aunque no debería sonar de esta manera. Kafka escribió obras dramáticas a las cuales podríamos caratular de existencialistas, mientras él no padecía las circunstancias penosas que atribuia a sus personajes, al menos no a ese extremo y de ese modo descrito.

Utilizaba su imaginación, llevaba al extremo una sensación, un sentimiento, un fenómeno, y lo sobredimensionaba deliberadamente para generar la sensación de dolor intramuscular. Nada que fuera subcutáneo podría causar interés en Kafka, y lo mismo sucedía con Sartre y Camus.

Escribir sobre las miserias del ser humano y hacerlo en forma exacerbada, (en el caso de Kafka diríamos hasta de realismo mágico), no necesariamente guarda relación con los verdaderos sentimientos y padeceres del autor.
Personalmente, creo que quien no haya sufrido lo suficiente no es capaz de expresar el dolor con convicción, a menos que sea un genio o una persona sensible y demasiado atenta al mundo que la rodea. En general, los trágicos han llevado vidas trágicas, sin que cada momento de dichas existencias haya sido un padecer.

El pensador piensa más allá de su propia realidad; obviamente es verdad que una persona que ha sufrido demasiado, tal es el caso del poeta Attila József, se ve impregnado de la angustia generada por la impronta de una infancia de pobreza material extrema, el abandono paterno, las comparaciones inevitables que surgen a los ojos del poeta que quizás por dichas situaciones de espanto, padece a posteriori un trastorno en su personalidad. Algunos dicen esquizofrenia; yo no me atrevería a tanto sin tener una historia clínica en mis manos para afirmarlo.

Kafka disfrutaba de sus escritos, y según se dice, se reía con sus amigos de ciertos pasajes de las obras que escribía, inclusive llegaba a las carcajadas con algunas oraciones. Es que pensar que la vida del existencialista es un constante padecer, sería como creer que el optimista debe dar a todo una respuesta favorable y esperanzadora, sin darse el permiso alguna vez para aceptar que no todo tiene una solución feliz.
Una cosa es ser optimista y otra, idiota.

La cajita feliz es un fenómeno tan artificial como su contenido insípido. La felicidad (no en cajita) sí existe, pero está pincelada de días grises, de semanas nubladas, de noches negras. Por eso pensé en ilustrar estos pensamientos con algunas de las fotos que tomé en junio, justamente en momentos en que el cielo estaba pincelado dentro de la gama de grises tirando a un negro amenazante que se convirtió finalmente en tormenta eléctrica.
A veces, hace falta que sople un tornado en nuestro cerebro, un viento tremendo que arrastre ideas inútiles y palabras vacuas o palabras insultantes. Hace falta de tanto en tanto que se nuble nuestro interior, que nos llueva encima, que nos arrastre el viento, para poder después tomar una idea desde otro ángulo y comenzar otra etapa.

La primera vez que hablé sobre el efecto de la escalada fue preparando una puesta en escena, precisamente la de Fausto.

Una escalada es para mí, una serie de eventos que se van sumando y creciendo, como subiendo por una escalera mecánica y que al llegar al extremo de la misma, se nos ocurre darnos vuelta para mirar hacia atrás y vemos que el suelo ha quedado demasiado lejos de nosotros, tan lejos que ya vemos las cosas de otro modo, de otro tamaño, desde otro ángulo.
Estando allí arriba, nos hemos distanciado del otro y no lo distinguimos sino que lo percibimos distorsionado. Al verlo distorsionado, no lo vemos como en realidad es, y al estar lejos, vamos perdiendo la conexión necesaria como para poder acceder a él.
Quizás, hasta lo hayamos perdido, y todo porque nos anclamos en una idea negativa de la cual decidimos no bajarnos, el otro se plantó en su postura, nadie cedió un ápice y el resultado dio que uno quedó abajo, con la imagen aplastada que nos da el ver a alguien desde arriba. Y el de abajo nos ve extraños también; no nos reconoce porque hemos quedado deformados por la perspectiva.

¿Cómo hicimos para llegar hasta allí? Es muy fácil: Solamente basta con empezar la pelea. Una cosa trae la otra. No me llevás a tomar café como antes y a mí me encantaba, entonces yo te pregunto por qué. Como tu respuesta no me satisface, te pido que me lleves a tomar el café que tanto nos gustaba compartir y me decís nuevamente que estás ocupado en mil cosas. Esto genera distintas sensaciones en cada persona.
En mí, dado el caso, generaría tristeza, luego bronca por la negativa ante algo tan sencillo. Ni que te hubiera pedido un velero. Quizás, alguien pide un velero y se lo dan sin más. Quizás otro quiera darme un velero a mí y yo no lo tome porque no estoy dispuesta a darle a cambio algo que el del café tuvo sin necesidad de velero.
Imaginemos, que no cuesta nada.

Sigo: El que niega el café dice que no tiene tiempo, pero en realidad no es ése el motivo sino otro, por ejemplo, que prefiere quedarse leyendo en el sofá o sencillamente que considera que ya no le interesa compartir el café con la otra persona, que soy precisamente yo. ¿Pero cómo no va a querer compartir conmigo?
No obstante, no me dice la verdad para no herirme o para mantenerme ahí, por si acaso se arrepintiera eventualmente.

La persona que espera el paseo se frustra y reacciona. La otra persona no la invita porque no desea discutir, no dándose cuenta de que la causa de la discusión es el no comprender ese cambio de actitud. Uno busca esa explicación, la pide, no se conforma con lo que le dicen, sospecha algo oscuro como el cielo de estas fotos.
El otro se aleja más, luego se arrepiente y desea volver, y cuando quieren recordar qué pasaba... una persona ha quedado en un extremo y la otra, en otro.
Un hecho ha llevado a otro, y otro a otro y la situación se ha distorsionado. Ellos dos ya no se reconocen; ni siquiera ven en ese rostro a la persona que antes era su ilusión.
De ninguno de los dos lados se ve con claridad cuándo comenzó el conflicto, qué día, a qué hora y debido a qué.

En la mayoría de los casos, para cuando ambas personas se dan cuenta de que el tren ha descarrilado, es tarde.

En Fausto, un científico ya anciano se encuentra dilucidando el por qué de su vida. Se ha pasado la existencia observando y estudiando, viendo la vida pasar a través del ventanuco de su estudio, tras una vidriera. Se oye gente que pasa cantando hacia su trabajo temprano en la mañana, antes de despuntar el alba, y él ni siquiera se ha acostado porque la cabeza está que le explota, sus sesos parecen querer reventar ahí mismo.
Desesperado, clama a Dios. No obtiene respuesta. Sin esperar más, convoca a Satanás y éste llega ipso facto. Fausto no desea poder, ni dinero ni nada que tenga que ver con el mundo material. Su asignatura pendiente en la vida es VIVIR, así que solicita la Juventud. Mefisto le muestra entonces la imagen de una mujer buena y joven que lo va a amar profundamente. Fausto la ve y se decide.

¿Qué es lo que decide? No solamente da el salto que comienza la escalada: volverse joven él... sino que se mete en el destino de una mujer inocente, Margarita.
Fausto firma el pacto con sangre. Mefisto es ahora el dueño de su alma, pero qué puede importar eso si la juventud está aquí mismo y falta mucho para pensar en morir.
Y allí, junto a la recuperada juventud, se halla Margarita, el segundo y nada desdeñable peldaño de la escalada fatal.

Fausto y Margarita se enamoran, tienen un hijo y para cuando ella se entera de que su niño es el producto de un pacto con el demonio, pierde la razón y mata al bebé.
Fausto está lleno de remordimiento. Margarita, fuera de sí, ha sido encerrada en la cárcel y espera ser ejecutada por asesina. Su cabeza pelada, sus tobillos y muñecas encadenados. Ella solamente recuerda los mejores momentos con su amado y lo evoca, confundiendo la prisión con aquel jardín de ensueño que ella tenía delante de su casita.
Fausto y Mefisto llegan a la cárcel para convencer a Margarita de irse con ellos al infierno. Pero es inútil porque ella invoca a los ángeles y es perdonada.
La escalada se ha llevado demasiado consigo, como un tsunami. Fausto finalmente se va al infierno y su pacto solamente ha servido para pasar unos mágicos momentos que condujeron a la muerte de un niño, a la locura de una pobre mujer y su posterior muerte.

La escalada es un proceso que alguien debe terminar en algún momento, lo que en las obras existencialistas y del teatro del absurdo concluye con muerte o espera in aeternum.

En la vida real, si una persona no es capaz de detener la avalancha, otra debe hacerlo por ella. En la literatura no existe el peligro real de morir, de enfermarse mental y físicamente, de angustiarse... porque solamente se trata de personajes y nosotros hacemos catarsis a través de ellos. Sin embargo (porque siempre existe un sin embargo), en la vida, si una de las partes no detiene la escalada, ésta se convierte en un círculo vicioso perjudicial en donde la costumbre puede más que los deseos, en donde los deseos pueden más que un sentimiento y en donde el sentimiento más puro deviene en negativo.
Fácil es decirlo... no tanto practicarlo. Pero hay que hacer lo posible para disipar las nubes negras que nos separan de los demás o que no nos permiten ver con claridad a las personas.

No creo que sea casual que me llamen tanto la atención el existencialismo, el absurdo, la sátira, el grotesco. Pienso con cierta cursilería de mi parte, quizás, que la casualidad no existe en absoluto y que todos nos encontramos con lo que nos desafía para convertirnos en personas más fuertes y sabias. Tengo la sensación de que la vida siempre me pone delante la ópera que necesito estudiar para aprender algo sobre mi persona, para abrirme los ojos ante algo que antes no me interesaba o directamente no conocía. Creo que la vida me prepara para que sepa defenderme ante algo que me ha de pasar en determinado momento y con ese propósito, me presenta a una persona que dejará una huella en mi alma, sea porque me amó o porque se burló de mí, sea porque me dio lo mejor de sí o lo peor, pero algo me enseñó finalmente.

El fin de la escalada no debe ser trágico sino leve. Hay que saber parar a tiempo.
Saber detenerse a reflexionar y si es necesario, volver a los orígenes y preguntarse:
¿Cómo empezó esto?

Hay que parar el círculo vicioso que ensucia el alma y se traduce en el cuerpo en forma de dolor.

Hay que estar con quienes quieren compartir tiempo con nosotros y dejar partir a los que se han cansado de nosotros o no nos aman más.

Así como pienso que hay que leer los blogs de las personas a las que apreciamos y no entrar a propósito a blogs de escritores que nos producen fastidio por sus ideas o actitudes, creo que tampoco es obligación entrar y quedarse de prepo en un sitio a donde no nos han invitado.
Hoy pude comprobar con un pequeño hecho, cómo se produjo una escalada indeseada.
Mañana será otro día y espero que el cielo se despeje y salga el sol (en alguna parte del planeta, seguro sucederá).


Nota: Fotos tomadas por Raquel Barbieri. Pueden ser reproducidas si son de vuestro agrado.



viernes 28 de agosto de 2009

Mi corazón

Mi corazón...
Mi corazón erraba sin dogal,
pero ahora comprende, inteligente.
Solamente un mortal a una mortal
puede llegar a amar inmortalmente.

Attila József... o József Attila, a la usanza húngara.