viernes 19 de diciembre de 2008

Donna...


Donna...
por Raquel Barbieri

Ni siquiera estoy segura de recordar su nombre y me culpo por eso... como si un nombre no fuera importante en la vida de un ser humano, aunque para las monjas evidentemente no es tan esencial el nombre con el que los padres las inscribieron al nacer, sino el Sor que eligieron más tarde. Entonces, para ciertos seres, un nombre no es sino algo aleatorio que puede ser cambiado a piacere y que tal vez termine incidiendo en la esencia misma de la persona.

Para no llamarla ella, la monja, la hermanita, la religiosa, diré que su nombre era Sor Camila. Me gusta el nombre Camila para una religiosa joven y entregada vaya a saber uno por qué, a una vida de renuncia al sexo. Solamente por ese enigma a descifrar es que algo más fuerte que mi propia voluntad me llevó a observar a Camila como si fuera un animal al que debía disecar y analizar por partes.
El caso es que en medio de los vapores estivales que me encontraron cruzando calles en Santos Lugares, llegué a la vida de Sor Camila que hasta me gustaría más a estas alturas ponerle Sor Juliana. Tenía más cara de Juliana que de Camila y posiblemente se llamara Hilda, Berenice o acaso simplemente María, eco de una vieja canción que viene cantándose desde hace bastante tiempo, una canción en donde la vida suele estar supeditada a la necesidad de sentir el amparo de algo superior a uno, en este caso, la iglesia y tal vez, Dios.

Camila o Juliana era muy delgada; de una delgadez que de acuerdo al ángulo desde el que se la mirara, podría ser extrema o discreta. Viéndola de atrás o de adelante, daba la sensación de estar frente a una tabla de planchar apoyada prolijamente contra la pared del lavadero, con la funda correspondiente y bastante limpia, pero no demasiado. De perfil, un rostro entre aborigen y español de corte huesudo y nariz protuberante, una de esas narices que se ven aún antes que el resto del rostro, sobresalía en medio de una tez entre grisácea y amarillenta que escupía un par de cejas de hombre. Sé que todo suena feo, pero en conjunto creaba una armonía, extraña armonía de una música no mozartiana sino más bien de Arnold Schönberg, un cuerpo y un rostro dodecafónicos.

Las manos de la Sor parecían de adolescente y ese rasgo me dio ternura, con esas manitos andaba por esta vida perra, con esas manitos tal vez solamente tocadas por los niños de la comunión, la Camila Juliana existía sin esperar que un hombre la amara o que por lo menos la deseara carnalmente. No había por dónde poder empezar a desear a la hermanita, aunque hay gusto para todo y yo le tomé cariño de inmediato, en cuanto me dio la bienvenida a la iglesia.

Era una tarde de sábado, de temperatura casi caribeña aunque algo menos húmeda. Me bajé del ómnibus en el que solamente el conductor y yo viajábamos, con un poco de desconcierto ya que nada coincidía con lo que se suponía debería encontrar al bajar; me esperaban sí unos matorrales frente a un terreno baldío, y los escombros del esqueleto de algo espantoso y gris. De un lado, árboles y césped; del otro, piedras y algunas casas bajas de bastante buen aspecto. Caminé dos cuadras y la iglesia antigua se abrió paso ante mí. Llegué puntual y antes de entrar, tres religiosas me sonrieron diciéndome, no al unísono: - ¡Bienvenida!


Me quedé con la cara de una de ellas rondando en mi mente. Tendría unos veinticinco años, no creo que llegara a treinta; a veces es difícil calcular la edad de las monjas porque su estado parece alejarlas de todo parámetro. Uno no espera que la religiosa sea bella sino que sea algo extraña, atemporal, de color indefinido, de forma indescifrable, de origen incierto, aliento pesado, caminar masculino y falta de gracia.

Sor Camila Juliana era una mezcla de todos esos aspectos y además poseía un elemento incierto que me hacía mirarla involuntariamente, al punto que las otras religiosas se desdibujaban por completo y aparecían como una mancha beige y azul petróleo, los colores de su antiguo hábito con tres tablas encontradas por delante y por detrás, enlazadas con un pequeño cinto del mismo género áspero y resistente, como el aparente temperamento de Sor Camila Juliana, que a estas alturas no dudo que tenía cara de Josefina y se lavaría la cabeza una... o como mucho dos veces por semana, como las viejas que creen que el olor a cabeza sucia no se percibe y que la tintura y el spray lo tapan todo.
La tintura de la monja es la cofia tapadora de grasas y hedores, y la cabeza de Sor Josefina se aparecía ante mí obsesivamente, despertando mi necesidad de lavar y cepillar su superficie con fruición hasta dejarla brillante y perfumada.
No creo que a Josefina le importara tanto la higiene; sólo sé que a mí estaba volviéndome loca la incertidumbre, el desparpajo con el que su cofia pretendía ocultar la mugrosa carga debajo de la alfombra persa, el muerto bajo la cámara de un piso de madera y tirantes. Su muerto era mi muerto y quería verle la cara… no era posible que no escuchara la misa por estar pendiente de la cabeza y la nariz de una monja encaprichada en no mostrarme su faceta oculta.
La misa transcurría ajena, una sarta de lugares comunes poco consoladores a mis oídos. Mejor que así fuera porque entonces yo podría concentrarme exclusivamente en mi monja, en mi animal de disección, en mi materia de estudio. Que se calle ese cura demente; necesito silencio para mi observación de Sor Josefina, ex Camila Juliana, probablemente Hilda, Berenice, Marta… o José Evaristo.
¿Y si fuera un José Evaristo al que la congregación ha protegido por caridad, por cristiandad, por algo que José Evaristo pudiera brindar al prójimo, que fuera más fuerte e importante que la vida y la muerte mismas?

J. E. me miró fijamente; he stared at me. Se me heló la sangre dentro de esa atmósfera de vahos calientes; entonces entendí que José Evaristo leía mis pensamientos así como yo había percibido que llevaba un muerto colgado de su ser, un pene inerte, un pasado desgraciado y un presente redentor de las miserias de una naturaleza que le jugó una mala pasada.

FIN

10 comentarios:

Pradero dijo...

Aquí, en la catedral de mi ciudad, hay una vírgen muy particular porque según el ángulo del que se la mire se la puede ver flaquita, embarazada, joven y/o mayor. Está buenísima la estatua.

También está lleno de Josévaristos.

Un beso Réiql.

Pd, confirmáme si tenés pensado seguir actualizando el blog así te vuelvo a agregar a mi blogroll.

Laluz dijo...

No tengo ni puta idea por qué, creo que fué el estilo en que está escrito el texto, pero se me ocurrió recomendarte un libro que me trajo a la mente haber leído tu relato ahora, el libro es "La multitud errante" de Laura Restrepo (había salido hace un año o dos en una colección de escritoras (Biblioteca Grandes Escritoras) que sacó el diario La Nación. Me parece, casi podría afirmarlo, que te va a gustar.
Besazos

Ichiara dijo...

Como tus ventanas se abría la monja, que al final era monjo, o puede que terminara mojito. Pero no, con esa cabeza imposible (aquí existe también la creencia de que la perola no huele, uagh).

Lo peor de todo es que para compensar la mala jugada decidió que su sitio era la casta entrega a Dios, que se había olvidado de él en su nacimiento. Paradojas de la vida.

Besotes

Makiavelo dijo...

Rakelita, veo que ha vuelto a la vida y además en plena forma.
Voy a necesitar varias lunas para empaparme bien de estas aventuras religiosas.

¿Has estado en el convento?

Besos y felices fiestas.

Raquel Barbieri dijo...

Jean-Paul,

Hace mucho que vi la estatua que mencionás, y ahora siento la necesidad de verla nuevamente porque no había advertido tal grado de versatilidad plástica. Qué interesante... (de paso iré a hacer un censo de Josévaristos)

Te mando un beso,
Take care,

PD: Solamente puedo confirmarte que hoy tengo el tiempo y las ganas de actualizar el blog. ¡Lo que suceda en el futuro... ya no puedo asegurarlo, muchacho! Hacé lo que te parezca que yo no me ofendo.

...

LaLuz,

Compraré el libro que me recomendás de Laura Restrepo porque nunca la he leído, y ahora con lo que decís, se me despertó la curiosidad. Si vos decís que me va a gustar... debo probar.
(Esa frase del probar me suena + a Beverly)

Besazos for you too:)

...

Isabella,

Tu interpretación de mi obra es editable. Sencillamente, me encantó. Es un poco mi fantasía, creer que todo tiene redención.

Besos míos y de Renata, que está con la regla (y todo lo que esto implica)

...

Maki,

De vez en cuando, tengo etapas "conventiles". Es un mundo que me despierta mucha curiosidad, interés por conocer las diversas causas que llevan a tomar los hábitos, etc.
Me gusta investigar sobre el tema y convertir en cuentos, mis hipótesis más alocadas.

Te mando un beso y gracias por la compañía,

Rachel:)

Pradero dijo...

No te ofendés pero me borraste al carajo! jajaja
Todo bien, son los gajes del bloguero.

:D

Raquel Barbieri dijo...

Juan Pablo,

Cuando vi que me habías borrado, pensé que lo más lógico era hacer lo mismo, puesto que desconocía las razones por las que lo hiciste. Yo no cerré el blog sino que me tomé vacaciones.

Eso no es ofenderme ni que deje de recomendar tus lecturas.

Besos :)

Sibyla dijo...

Querida Rakel, veo que estás nuevamente en plena forma literaria, siendo plenamente fructífera con tus letras.

Me encanta el misterio y las intrigas de los conventos...y sí, es cierto, yo muchas veces viendo y analizando las caras de algunas monjitas, me pregunto si en el fondo, debajo de esos hábitos no vive algún José Evaristo?

Deseo que seas muy feliz, en compañía de tus seres queridos y de tu fiel Renata, que ya he leído con lo que anda...Eso me recuerda que a Tina le está al caer! Ja,ja,ja


Un abrazo fuerte, fuerte querida amiga:)

♥ Titi ♪ dijo...

Holaaaa!!!!! Te robo un minuto

VAMOS A APAGAR LA LUZ PARA DARLE UN RESPIRO AL PLANETA

Son solo 10 minutos!

hoy - DOMINGO 28 DE DICIEMBRE (2008)

ARGENTINA: 22:50 - 23:00 HORAS

Ver horarios del resto de paises del mundo en:
http://titinafernandez.blogspot.com/

Por favor DIFUNDIR!

Gracias!!! Titi

Besotes y feliz 2009

Jerónimo dijo...

Querida Raquel, esta historia extraña es anterior a la de Jennifer con su psicólogo y su José Evaristo, pero sólo la leí con atención ahora. No será que Evaristo se cansó de ser monja fingida y eligió la cucha? Fue un escape, primera estación, le dio verguenza de haber scado los hábitos y tener el pene fláccido y muerto. Será que Jennifer no sabe nada de su pasado? Y el próximo capitulo será la redención total de Evaristo que deja la cucha, se instala en al casa de Jennifer, consigue un trabajo, se lustra su pene y vivirá como un burgués cualquiera? Estoy ansioso de saber
Jerónimo