
Imagino a una persona cualquiera que sentada en un sitio cualquiera del tercer vagón del metro--porque el primero le da miedo, el segundo no es todavía demasiado seguro y el último, directamente es el terror mismo—y la imagino con un libro no demasiado inocente, por ejemplo… “Lecciones de Régisseur” referido al trabajo de Vájtangov durante la primera época de la revolución, o tal vez algo más ameno y divertido como “El trabajo del actor sobre sí mismo” de Stanislavski, o un libro de recetas de Doña Petrona C. de Gandulfo, grueso manual encontrado dentro de una caja repleta de libros con recetas que pertenecieron a una de las abuelas de la familia, quizás a una tía abuela solterona que dedicaba sus tardes a amasar, pensando en un príncipe que la rescataría ineludiblemente de la cochambrosa realidad de la mayoría de la gente. De más está decir que nunca la rescató nadie, salvo una ambulancia de Emergencias sociedad anónima, y así en ese estado incólume pasó al otro mundo sin pena ni gloria.

La persona del metro podría llamarse de muchas maneras y ser hombre o mujer. Si fuera leyendo un libro de actuación, lo más probable es que estuviéramos frente a un artista; actor o director. Si no fuera un artista, podría tratarse de alguien que tiene a uno cerca y desea comprender esa vocación que lleva a que alguien viva permanentemente al filo de la navaja y venda sus pertenencias para producir una obra a la que van a ver sólo sus parientes y amigos, y por compromiso. Si esta persona no conociera a nadie dentro del arte ni él o ella fuera artista, podría ser alguien que se quedó con las ganas de serlo y eligió la abogacía o la carrera de contador público pensando que era el pasaporte al Éxito & Seguridad Co.

Entonces, podría presumir que la persona del subte, del metro, del tercer vagón, es un enamorado del arte escénico, o que siente amor por un artista a quien no entiende, cuyo pensamiento y conductas están fuera de su alcance y traspasan las barreras de lo que se entiende por cordura. En este caso, habría que leer a Stanislavski, a Vájtangov, a Brecht, a George Sand, a Beckett, a Ionesco, a Chagall, a Camille Claudel, a Lola Mora; habría que meterse dentro de la piel de todos para entender que un artista no es un estereotipo que puede ser analizado fácilmente como una top model. Es que no hay nada que entender en el arte ni en el artista porque el arte se vive, se siente, gusta o no gusta, provoca desde éxtasis hasta ganas de vomitar y llega a algunos en forma instantánea y a otros jamás los toca de lejos. El arte no se elige, nos elige a nosotros como un violador que viene acechando a la víctima y pega el zarpazo. La víctima sabe que ya no será la misma de antes; algo ha cambiado en ella, algo se despertó dentro de sí y no permitirá que ese ser vea el mundo de la misma manera que antes.

Ahora creo que el del tercer vagón es un hombre y se llama Benedicto Sbrana, de origen siciliano, edad algo indefinida… de todos modos la edad no existe. Vive en la ciudad autónoma y se desplaza en transporte público porque el manejar lo tensa, sobre todo en la zona de las cervicales. Benedicto tiene un auto mediano, medianamente nuevo y medianamente lindo. Él es un hombre que reviviría con otro corte de pelo, otra ropa y calzado, y un perfume con nombre de actor español guapo que vive en los States con esposa rubia un tantito mayor que él, famosa y bella. Pero no, Benedicto prefiere vegetar en el silencio de sus lecturas del metro, y no arriesgarse a viajar en el primer vagón, o en el último, que le permitiría acceder a una vista más oscura y desconcertante que la de los vagones protegidos con un atrás y un adelante.
Deduzco que Benedicto Sbrana le teme a la oscuridad, a la muerte, y a todo lo que pueda arrebatarlo de su mundo. Él necesita protegerse en un vagón y sumergirse en un libro, viajar dentro de sus páginas, desde una alcantarilla hasta las estrellas; no ser más él sino otro, una persona más feliz que no necesite elegir un vagón en medio de otros dos, sino que tenga la libertad de subir en el último... y que sea lo que Dios quiera.








9 comentarios:
Raquel, como me gusta volver a encontrarte por estos lugares, viajando en un metro que no es mas que la via para viajar a otros mundos internos.... Me gustan las mariposas que revolotean al margen de la página, me gusta la historia y me gusta sobretodo saber de ti. Muchos besos... Lola
El contraste del metro, de su opresión bajo tierra con la colección de potos, begonias, granadas del lateral derecho me da la medida de ese hombre que se encierra entre las páginas del libro para ser. Si tuvo la fortuna de ser violentado por el arte ya no hay camino de vuelta, te posee y acabaste, los ojos vueltos hacia otra realidad más activa, más sentida.
Muy interesante esa reflexión subterránea con el sr sbrana. Y preciosas las plantas y la niña.
Un besote, guapa.
Si este hombre Sbrana estaba realmente leyendo Stanislavsky en el subte (no es también "diario de un estudiante?), quizás admire a este director, pero no será que también quiere desarrollar su memoria emotiva, tan en boga en el Actors Studio (vos Raquel sabés mucho máa de esto que yo). Y Brando, Dean, Newman, todos muertos.
O quizás le gustaría ser como Stanislavsky, famoso por sus actitudes totalitarias frente a sus alumnos. Acaso Vajtangov y otros no se apartaron de él por desacuerdos? Y ahora le quedó solamente Sbrana del metro, quizás abogado y régisseur frustrado?
Jerónimo
Hola Rakel!!
Al final, al sr anónimo que teme los primeros y últimos vagones, le pusiste nombre de Papa! Benedicto, ja,ja,ja
Me encantó tu reflexión, y la forma con la que vas tejiendo la historia...
Sí, yo pienso que quien no se arriesga, vive la mitad de la vida.
Me encantó la figura masculina que de espalda espera que venga el metro..Wuauuuuuuuuu!
Besitos candorosos para tí y la niña:)
Me gustó la comparación del arte y el violador.
Qué lindo haber hablado con vos el domingo!!! La semana que viene concretamos nuestro reencuentro
Besazos
Lola,
¡A mí también me alegra verte por estos pagos! Granaaaada, tierra soñada por mí... mi cantar se vuelve gitano cuando es para ti... Seguiremos viajando hacia nuestros mundos internos, entonces, con Sbranas o sin ellos.
Te mando un beso enorme:)
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Isabella,
Es verdad... qué contraste lo de las lecturas de Sbrana con las begonias, bien contradictorio como somos los seres humanos. Me alegra que al tal Sbrana lo haya picado el arte, y sin retorno, aunque más no sea para ver el mundo desde otra óptica... que no es poco.
Mis besos y los de la niña :)
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Jerónimo,
No sé si Sbrana sea un régisseur frustrado... maybe. Yo le diría que no se frustre tanto, que ser régisseur no es certificado de Pasaporte a la Alegría (quizás sea mejor ser abogado).
Lo que queda claro es que existe algo dentro del arte que le causa picazón a Sbrana, hay algo distinto que quiere experimentar (Why not la memoria emotiva?) En cuanto a Stanislavski... si no fuera por él, el arte de la actuación se habría quedado estancado por mucho más tiempo, debido a la pobreza de técnica. Constantin S. Rompió con los clichés de la actuación, sobre todo de los cantantes de ópera tendientes a sobreactuar y llevarse la mano al pecho cada dos por tres (por desconocer sobre interpretación del personaje).
Sus libros son tan útiles como entretenidos y claros (y tanto Elia Kazan como Lee Strasberg lo supieron aprovechar para formar a actores de elevadísimo nivel).
Cariños :)
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Sby,
Nunca puedo resistirme ante el nombre Benedicto... me pasa como con José Evaristo, Jennifer, Héctor... me alegro que te gustara la imagen del tipo que está de espalda y pasa el metro. Me costó el hallazgo.
Yo también creo que el que no toma riesgos, se pierde de mucho en la vida, ya sea que implique cambio de carrera si ésta no lo hace más feliz, cambiar de amor si el otro está obsoleto, o mudarse de país.
(Por ahí, aprovechando que se llama Benedicto, el So-and-So se hace cura).
Besitos míos y de la niña, para Tina también :)
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Gi,
Qué bueno que te gustara lo del violador-arte... In somma: El Arte es un Camino de ida. A mí también me encantó hablar con vos el domingo. Nos vemos entonces la semana que viene.
Besazos too:)
Me encantó tu blog.
saludos!
Muy conseguida la imagen de opresión de una vida gris tratando de buscar luz en las lecturas, en el arte.
Me encantó la referencia al look desfasado, con la sugerencia del conocido perfume.
Feliz día.
La sonrisa del Hiperión,
Gracias y bienvenido.
Saludos :)
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Llena,
Me gusta que interpretaras exactamente lo que quise contar.
(Está buenísimo ese perfume, dicho sea de paso)
Que tengas un buen día:)
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