jueves 26 de marzo de 2009

El tren pasa indefectiblemente a las siete

Soy de apasionarme, de quedar prendada, prendida, enlazada, cosida, bordada, involucrada, attached, je ne sais pas si malheureusement attachée ou heureusement amoureuse.

Soy de leer cuatro o cinco libros al mismo tiempo por una cuestión de ejercicio intelectual, de variedad de gustos y también porque no todos los días deseo sumergirme en lo mismo. Los jueves son distintos que los martes, y los lunes no se asemejan al viernes ni por asomo. Hay días para el teatro de Molière, otros para la dramaturgia de Carlos Gorostiza, los poemas de Robert Frost y las ocurrencias de Mark Twain. Hay tardes de lluvia para un Vargas Llosa, noches tranquilas para las biografías, mañanas soleadas para las lecciones de Stanislavski, o para las revistas de salud que me llegan al correo electrónico. 

Existen momentos en que el cerebro pide descanso y necesita nutrirse de pavadas, cuando en otros ratos, el dramatismo toma protagonismo; no el melodrama barato, sino el drama que es parte del grito humano.

Luego de haber terminado de leer casi todas las obras de Sándor Márai, después de haber ido al teatro a ver “El último encuentro”, tan logradamente protagonizada por Duilio Marzio, Fernando Heredia e Hilda Bernard… bastante después de haber leído un par de libros de György Mikes, un húngaro de humor ácido que me cayó bien desde la primera frase, un emigrado a Londres que dedica años a observar y opinar sobre esas personas tan particulares que son los ingleses... aparece Frigyes Karinthy en mi vida, como si se tratara de un ser querido del cual tomo conocimiento a través de una carta vieja que se desvela ante mí por primera vez, como si unos padres le contaran a su hijo que tiene un hermano oculto en una clínica, y que no han sido presentados dado el historial dramático que aqueja al alienado. 

Es raro lo que digo porque es raro lo que vivo. ¿Por qué habría de ser corriente lo que me sucede si leo historias extrañas de personas con las que siento identificación en algún punto, aunque más no sea en un pequeño punto expresado en una idea clara y vívida que llega a la hora oportuna? Me ha sucedido antes con George Sand. Un día se me pasó y quedamos en paz: ella desde su Más Allá y yo desde mi Más Acá.

...

El principio del fin de Karinthy comienza cuando él escucha un tren que pasa todos los días en el horario vespertino de las siete, una de mis horas favoritas; no sé si sería también la de él. Indefectiblemente, la locomotora cruzará las fronteras del espacio existencial de Frigyes en una Budapest en donde el tren ha dejado de pasar hace rato…

“Tal vez haya sido un camión pesado. Volví al misterioso refrán del crucigrama. Muy bien; pero un minuto después salía el segundo tren, con las mismas trepidaciones y estridencias. También esta vez gruñía, chirriaba y el ruido iba alejándose gradualmente.

Giré nerviosamente la cabeza hacia la bocacalle. ¿Desde cuándo pasan por aquí trenes? ¿O es que están probando algún vehículo nuevo? Había visto el último tren en las calles de Budapest a la edad de siete años; era un tren de vapor que pasaba por la calle Baross, donde vivíamos en aquella época. Desde entonces, que yo sepa, sólo existen tranvías eléctricos, pero el más próximo pasa bastante lejos, por la calle de la Universidad:”


Estos eran los primeros avisos de que los trenes existían dentro del cráneo de Karinthy, que cada tarde, en forma obstinada y repetida, enviaban el estruendo para ser percibido tan sólo por él y no por los demás transeúntes que caminaban las calles que él mismo gastaba con sus zapatos. Ellos no calzaban sus zapatos porque nadie está en condiciones de saber lo que es calzar los zapatos de un enfermo. Se puede imaginar, fantasear, pero Karinthy, como todo enfermo, estaba solo en su dolor, en su molestia, en su mundo particular. Tan solitario estaba en su realidad, que hasta su esposísima creyó que él padecía de la hipocondría inevitable por la que transitan los estudiantes del primer año de medicina, aunque él hubiera pasado escasamente por el primer semestre de dicha carrera hace muchísimos años. 

Observé a lo largo de la obra, y no es un ensañamiento sino algo que me llamó la atención, malamente, sí... una cierta frialdad en ella, una psiquiatra que dedicaba sus días a los enfermos de las salas de un manicomio de Viena, estando su familia en Budapest, estando su marido caminando en zig zag porque el tumor ya era el timonel del barco. 


“Tan sólo circulaban unos cuantos automóviles, nada más. Levanté bruscamente la cabeza tres veces seguidas, sólo al oír el cuarto tren, me di cuenta de que estaba alucinado.”

En principio, y a modo de cierto consuelo o negación, Frigyes recordó que cuando niño, solía escuchar voces que lo llamaban por su nombre en diminutivo, “Frici”. De manera que ahora, en la plena adultez a sabiendas de falta de tren en las cercanías, Karinthy recordó aquellas voces de la infancia y por unos instantes, eso le sirvió como explicación, aunque inmediatamente y debido básicamente a que estamos hablando de un hombre despierto, intelectual, literato, periodista y conocedor de la ciencia… las pequeñas e inocentes alucinaciones del pequeño Frici escuchando su nombre por las calles pasó a un plano inexistente de memoria pueril: 

“Pero esta vez, se trataba de una cosa muy distinta. El ruido era imperioso, violento, encarnizado, una trepidación férrea, tan fuerte que llegaba a cubrir los pequeños ruidos de la vida real; el camarero me decía algo sin que yo me enterara de ello. Y en vano buscaba la fuente de esos ruidos. Deben de haberse producido dentro de mi cabeza.”


No obstante la extraña y molesta circunstancia, Karinthy pensaba que para ser síntoma de algo malo, el pasar de la locomotora era una cuestión de poca importancia. Para que su mal fuera un mal con todas las letras, tenían que suceder cosas peores.

Cuando estamos enfermos, necesitamos tomarnos un tiempo antes de aceptar la enfermedad a nivel consciente. No es corriente que alguien, sobre todo si es una persona que trabaja con las hipótesis (tal es el caso de Karinthy) se conforme con un gran mal antes del tiempo debido. La aceptación de un cuerpo maligno dentro de nuestro cuerpo, necesariamente requiere de un tiempo de decantación: Se descubren los síntomas, se busca, se investiga esperando encontrar algo que no coincida con lo que padecemos; ese algo no aparece, entonces el investigador agudiza y mejora los métodos, observa el mundo en forma global y parcializada, presta atención a los detalles más insignificantes de sí mismo y del resto de los mortales que lo rodean. El enfermo sabe que no es el mismo de antes; sin embargo, la aceptación del alienígena que penetra su ser sin permiso alguno, no es fácil de deglutir. El alienígena está ahí, acechando en todo momento; se calla, da tregua, juega, engaña, tal vez duerma porque él mismo llega a padecer cansancio... pero en cuanto el enfermo ve el rayo de luz y bebe de la copa de la esperanza, el mal vuelve a atacar y eso le sucedió al escritor.

Karinthy padeció un tumor cerebral que lo llevó a severos exámenes hasta llegar a la operación que les comenté en una entrada anterior, aquella cirugía de siete horas en que su cerebro se mantuvo suspendido, estando él despierto para evitar la muerte durante la cirugía, para poder extirpar la bola malévola que dominaba los movimientos del hombre, haciéndolo caminar con un marcado desvío hacia el costado, vomitar por largo tiempo hasta memorizar el lavabo y el retrete como su propio nombre, marearse, doblarse del dolor y aún así, seguir filosofando sobre la existencia humana.

Vuelvo a comenzar con mi frase inicial; será porque la ópera repite frases una vez tras otra porque solamente de esa manera se consigue poner énfasis en lo que es imperioso comunicar… y yo padezco de una sobredosis de ópera:

Soy de apasionarme, de quedar prendada, prendida, enlazada, cosida, bordada, involucrada, attached, je ne sais pas si malheureusement attachée ou heureusement amoureuse.

Sé que Karinthy Frigyes no me ha pasado inadvertido…

 

(continuará)

Fotos: 

1 - firma de Karinthy Frigyes (a la usanza húngara de colocar en primer lugar el apellido seguido del nombre de pila)

2- Caricatura en acuarela y tintas de Karinthy.

3- De derecha a izquierda, el primer hombre sentado.

4- Tumba de Karinthy y su hijo Ferenc.

 

martes 17 de marzo de 2009

Unos a la gloria, otros a la ignominia (tercera parte)

La esencia del ser humano no ha cambiado ni cambiará. Podremos pasar de la moda anoréxica sin tetas a la anoréxica con siliconas, de las piernas regordetas a los palitos chinos, del lacio empedernido al rulo enloquecido, del hablar con la voz gangosa diciendo “tipo qué, tipo nada, naa, boluda” a recitar a Baudelaire por entre las góndolas del supermercado… y siempre existirán las personas buenas y generosas, los locos, los cuerdos, las frígidas, las ninfómanas, los impotentes, los sexópatas, los pacatos, los monolingües, los bilingües, los multilingües, la gente que es sexy desde la cuna versus los que expelen tanta hormona como un queso blanco light, los prejuiciosos, los open-minded, los ricos, los carenciados, los ricos que ayudan y los que ni piensan en el prójimo, los pobres que trabajan y los pobres que roban… los ricos honestos y los ricos que roban a cuatro manos, los pobres resentidos y los que no dan lugar al resentimiento.

La población del planeta es variada y extensa, vaya qué novedá, señor.

Insisto en que existen dos tipos de personas en el mundo: Los que comen y los que tragan lo que encuentran.

Dentro del primer grupo, la fauna es vastísima y merece la pena observar a cada individuo. Dentro de ese primer grupo (que es el que tiene energía para pensar) están los que son de derecha y los que son de izquierda; quien no come, mal puede tener tiempo para saber quién era Trotsky. Hay buena gente de los dos lados, de los tres, de los cuatro; hay buena cepa distribuida en grupos heterogéneos. La bonanza no depende de estar a favor o en contra del capitalismo, porque la calidad humana es harina de otro costal. En tal caso, podríamos hablar de la inteligencia y su uso, de qué tipo de pensamiento político conlleva determinada acción que incide en forma directa sobre nosotros. ¿Cuáles son nuestras prioridades?

El ser humano es político por naturaleza y cada quien, a su modo, hace proselitismo a viva voce, o en forma silenciosa. Ya desde chicos, tomamos partido por un tipo de acción: Compartir el sandwichito con la compañerita que no trajo nada, o comer sola haciéndome la paparula. Ya desde chicos, notamos a los que van a los cumpleaños solamente a comer y quienes van a compartir un rato con amigos y además a comer, quién prefiere comprar dos entradas en pullman y ver el recital desde más lejos porque llevar a su amigo estaba primero que el egoísmo de ir solo a platea… y quien va a la platea y se deleita contándole al amigo sobre lo espectacular que estuvo el recital. 

Desde la más tierna infancia está el que alardea y el que calla, la que se cree que todos están enamorados de ella y la que está convencida de que nadie la querrá nunca; está el que se copia, el que no lo hace, el que se toma el estudio con responsabilidad y el que se aprovecha de lo que estudió otro. Todos estos tipos de niños son más tarde, tipos de adultos que repiten los esquemas de la infancia. El que no convidaba, sigue siendo un egoísta angurriento; cuidado con ése si te subís a un Titanic. Estás avisado.

La que se cree que todos están babeando por ella, será una desubicada que irá en minifalda a bailar con la hija para hacer competencia con ella, a ver quién de las dos es más linda. Be careful que esto no cambia con los años y deviene en patetismo.

Los que van exclusivamente a morfar a las fiestas no representan demasiado peligro, en tanto y en cuanto no les dejes tu casa a su cuidado. En su esencia está el querer aprovechar todo hasta las últimas consecuencias.

Sí, la política es inherente al pensamiento y todos estos hechos son políticos. Si bien no todos pertenecemos a un partido, sí somos poseedores de una corriente de pensamiento, empatizamos con ciertos conceptos… y si somos más o menos cultos, podemos afinar o afilar dicho pensamiento para comprometernos con un proyecto y así, no vivir a la deriva como ciudadanos. Obviamente que esto se aplica al grupo de los que comemos y no hemos quedado fuera del sistema, aunque están los que comen y no se instruyen porque no les interesa nada más que las fronteras de sus genitales.

Voviendo a los riesgos,  creo que siempre hay que arriesgar cuando se siente la corazonada, salga como salga al final. No se nos va a presentar diez mil veces la misma oportunidad hasta que nos decidamos a tomarla; eso sería de película protagonizada por Adam Sandler o Ben Stiller, pero no de la realidad. En la vida contante y sonante, pasa el tren y hay que tomarlo o dejarlo pasar para siempre. Si nos subimos, siempre podremos bajarnos en algún momento, y si nos quedamos en la estación, sería bueno considerar que fuimos dueños de una posibilidad  que elegimos desdeñar, y que el permanecer en tierra, en lo conocido y posiblemente más seguro, tampoco es una tragedia.

Lo fundamental es saber que las experiencias son únicas e irrepetibles y el tiempo no se quedará a nuestro lado esperando.

Cuando hice caso a mis corazonadas, siempre me fue mejor que cuando las acallé porque la razón me decía lo contrario. La mente es traicionera muchas veces, tapadora tramposa con sus vericuetos intelectuales, enroscadora profesional, aliada en el estudio y en la resolución de problemas lógico-matemáticos, aunque entorpecedora de cuestiones viscerales, sentimentales y de fe. La razón suele tapar la verdadera cepa de nuestros deseos y nos hace creer que queríamos otra cosa hasta que nos damos cuenta de que “por algo no tenía que ir a esa fiesta” o “menos mal que le hice caso a mi intuición y fui ese día a la entrevista”.

Volviendo a qué nos une a otros (que traté en las primeras partes de este escrito desordenado)… evidentemente el gusto por una determinada música no es punto de unión. No way, no alcanza. Conozco gente que ama la ópera y no nos une más que eso, ni siquiera nos une eso sino que es un gusto que coincide con el de otro, hasta quizás sea por motivos diferentes que a ambos nos gusta la ópera. Lo que me gusta a mí de la ópera sea posiblemente su intensidad avasallante que pasa de la explosión a la sutileza más fina en segundos, porque así es mi temperamento y me siento identificada. Es más algo energético y vital que algo intelectual. Si razonara la ópera, estaría ante un grave problema porque nadie se comunica con otros cantando frases lánguidas: “José Evaristo, laaaaa…. no puedo vivir sin ti, me duele el alma si no estás, la tortura de mi ser, la tortura de mi ser me sepulta, laaaaaaaa, le pido al justo cielo que me lleve, si tú, José Evaristo… no estás… laaaaaaaaaa”.

Si es por tener gustos parecidos, Hitler amaba a los perros y Mengele silbaba las óperas de Wagner. Me cuesta pensar en Mengele experimentando en su laboratorio de Auschwitz con las bellas tonadas de Siegfried saliendo de su boca, y no logro digerir la imagen de Hitler disfrutando de la compañía de un buen perrito que pudo haberle tocado como mascota a una de sus víctimas.

Me gustan el jazz, la poesía norteamericana, las plantas, las flores, el mar, la peluquería, los idiomas, la pintura, la fotografía, la escultura, obviamente el teatro… y sin embargo, de nadie me he hecho amiga por sus gustos sino por algo mucho más íntimo, profundo y genuino que cada ser lleva dentro: Sus sentimientos y convicciones sobre temas cruciales. Hay cosas con las que no se negocia. Por esto es que me molesta cuando a una persona se la clasifica, poniendo en práctica una técnica facilista que deja contento al que critica, al que lo escucha y le sigue la corriente, al que se consuela encasillando a alguien dentro de un estereotipo, al que deja perdiendo a otro porque se siente superior de algún modo. 

Juguemos a la lista de “el mundo se divide en dos”:

-         los insensibles y los sensibles

-         Los egoístas y los altruistas

-         Los ególatras y los autoflagelantes

-         Las bellas y las bestias

-         Los inteligentes y los imbéciles

-         Los inteligentes que se saben inteligentes y los imbéciles que se creen inteligentes

-         Los inteligentes que ni siquiera se detienen a ver si son inteligentes, y los imbéciles que aceptan con humildad su limitación.

-         Los amantes del fútbol y los detractores del mismo

-         Los fanáticos monotemáticos del fútbol y los que disfrutan del deporte sin que el mismo ejerza influencia drástica y directa en su estado de ánimo

-         Los ricos de cuna, y los nuevos ricos

-         Los pobres de siempre y los nuevos pobres

-         Los ricos venidos a menos, y los ricos que multiplicaron sus bienes aún en los peores momentos del país

-         Las mujeres que no tienen gusto personal sino que siguen la moda a rajatabla, y las que tienen personalidad.

-         Las que se cuidan y las dejadas

-         Las gordas y las flacas

-         Las verdaderas flacas, y las anoréxicas

-         Las gordas que tienen sexo y las que son vírgenes

-         Las flacas que tienen sexo y las que son vírgenes

-         Las monjas y las que no lo son

-         Las monjas vírgenes y las que no lo son

-         Los curas y los que no lo son (célibes or not)

-         La gente que va a la iglesia, y la que no va

-         La gente creyente en Dios y la que no lo es

-         Los racistas y los que no lo son

-         Los lectores y los que no abren un libro en su vida

-         Los hombres que expelen testosterona a cada paso que dan y los que parecen un queso cottage.

-         Las mujeres sexy que no son particularmente bonitas y las mujeres bonitas que no son sexy.

-         Los que saludan cuando entran a un negocio y los que no creen necesario saludar al ser humano que está detrás del mostrador.

-         Los que saludan al colectivero y los que lo toman por máquina expendedora de boletos.

-         Los que no pueden morir sin haber ido a diez mil lugares en el mundo y los que son felices tomando mate en la puerta de su casa o en el porche.

-         Los que usan auto y los que toman el transporte público.

-         Los heterosexuales y los homosexuales.

-         Las mujeres fértiles y las estériles.

-         Los hombres fértiles y los estériles.

-         Los que van a clínicas privadas con hotelería de lujo y los que se atienden en el hospital público.

-         Los que hablan dos idiomas o más y los que a duras penas manejan uno.

-         Los que odian a Estados Unidos y los fans de Estados Unidos

-         Los que odian a Estados Unidos y los que sin ser fans, no odian a esa nación

-         Los que aman a Fidel (pero no se van a vivir a Cuba) y los que no

-         Los simpatizantes de los Nazis y los Anti-Nazis

-         Los ricos y los pobres

-         Los sinceros y los mentirosos

-         Los sanos y los enfermos

-         Los psicológicamente sanos y los psicológicamente enfermos

-         Las rubias naturales y las rubias teñidas

-         Los hombres que saben hacer el amor, y los que solamente descargan

-         Las mujeres que saben hacer el amor, y las momias

-         Las personas que tienen vida sexual y las que no la tienen

-         Los monógamos y los polígamos

-         Los conformistas y los exigentes

-         Los irascibles y los mansos

-         La gente de mal aliento y el resto de la humanidad

-         Los que trabajan mucho y cobran poco y los que hacen poco y cobran mucho

-         Los que trabajan mucho y cobran mucho, los que trabajan poco y cobran poco

-         Los que consiguen jubilaciones por acomodos políticos y los que trabajaron cuarenta años y todavía están luchando por su jubilación

-         Los hombres que llevan su edad con dignidad y los que se tiñen el pelo o usan peluquín

-         Los hombres que engordan y los que se cuidan

-         Las mujeres que llevan su edad con dignidad y las viejas vestidas de adolescentes

-         Los que aman los tatuajes y piercing y los que no

-         Los chupamedias y los independientes

-         La gente fina y la gente mersa

-         Los altos y los bajos

-         Los de provincia y los de capital

-         Los de personalidad adictiva y los que no la tienen

-         Los diurnos y los noctámbulos

-         Los escritores y los que no hacen ni la lista del supermercado

-         Los que aman la televisión y los que la odian

-         Los que miran la televisión y los que no miran

-         Los adaptables y los rígidos

-         Los abiertos y los necios

-         Los vegetarianos y los carnívoros


… y tantos grupos más sumados a las combinaciones entre los citados...



 Nota: Las imágenes pertenecen al Tarot de Leonardo Da Vinci.

jueves 12 de marzo de 2009

Utazás a koponyám körül


Inspiracional... 

"Viaje en torno de mi cráneo"

Devorando las páginas de este fragmento autobiográfico del genial escritor húngaro Frigyes Karinthy, dueño de un sentido del humor excepcional y una fuerza anímica admirable, descubrí que solamente un ser humano especial puede transformar una terrible enfermedad, en obra de arte y en motivo para seguir vivo y vigente.

Karinthy fue operado del cerebro en el año 1936, cuando la tecnología que hoy conocemos y que ahorra tantos padecimientos, era aún una utopía... un plan maravilloso todavía inalcanzable.
Este escritor soportó una cirugía de siete horas en que sin anestesia, se le levantó el cerebro poniéndolo en suspensión para extirpar un tumor maligno. Ese infortunado viaje que lo tuvo como único tripulante, fue usado positivamente por Frigyes (Federico) para bucear hondamente en el alma humana y en los propios vericuetos de su mente, en el dolor físico y qué pensamientos nacían a partir del sufrimiento de su cuerpo.

Karinthy dice: "He aquí que estoy perfectamente seguro de mí mismo; siento normalmente, pienso con lógica, y a pesar de ello, mi cuerpo no me obedece, o mejor dicho, obedece, pero no a mí. Obedece a algún otro que se ha introducido en mi pellejo. El cuerpo humano posee un alma aparte, un alma independiente del "Yo", y esa alma aparte se ha vuelto contra mí, y contra mí está sublevándome todo el cuerpo."

Murió dos años después de haber sido operado, dejando esta obra inspiracional y exploradora de las profundidades humanas. 

"Duermo un rato; a las cuatro espero al joven escritor que quiere saber por mi boca si tiene talento, si vale la pena que... Le haré saber, pues, que en efecto, tiene talento y que precisamente por esto debe dejar de escribir acto seguido, ya que los tiempos no están para la literatura."

Haciendo mi segundo alto en el camino antes de continuar con Unos a la gloria, otros a la ignominia, quise contarles lo que estoy leyendo. Tal vez, cuando termine de leer el libro, escriba un pequeño ensayo para compartir en este espacio.

...

Reza el proverbio húngaro: Di la verdad y te romperán la cabeza.

Para los húngaro-parlantes, versión en vuestro idioma de "Utazás a koponyám körül":



miércoles 11 de marzo de 2009

Un alto en el camino... para meditar

To be nobody but yourself, 
in a world which is doing its best, 
night and day, 
to make you everybody else 
means to fight the hardest battle 
that any human being can fight
and never stop fighting.

-E.E. Cummings

...

No ser nadie más que tú mismo, en un mundo que día y noche hace todo lo posible para convertirte en alguien más, significa dar pelea a la más dura batalla que cualquier ser humano pueda enfrentar, y nunca detener esa lucha.


martes 3 de marzo de 2009

Unos a la gloria, otros a la ignominia (segunda parte)

El uno mismo es un combo conformado por los propios pensamientos, emociones, cambios paulatinos, cambios drásticos, perennias (se me ocurre la palabra perennia para expresar lo que queda inmutable), caprichos, fobias, manías, virtudes, aciertos, desaciertos y también los resultados y la actitud que uno demuestra ante esos resultados.

Algunos preferirán volcarse a las ideas de Freud para que la meta se convierta en más importante que el camino, o al Zen para que el camino sea lo importante y no la meta. Ambas corrientes de pensamiento me resultan atractivas y efectivas alternativamente… así como me gustan la Callas y la Tebaldi, García Márquez y Vargas Llosa, Chaplin y Keaton, Platón y Aristóteles, el bosque y la playa, el encierro del teatro y la jardinería al aire libre.

También, dentro del combo del uno mismo, aparecen las relaciones de amistad, cómo son nuestros amigos, la profundidad de nuestro vínculo, quiénes nos han aceptado tal cual somos y quiénes no.

En cuanto a eso, he visto que ciertas personas hacen demasiadas concesiones con tal de tener “amigos”, mientras otras no ceden un ápice en las relaciones. Esto vale tanto para la amistad como para la pareja. El que cede todo con tal de ser aceptado, es como si pensara que no vale nada y que siendo una miseria andante, les debe a los demás un exagerado agradecimiento. On the other hand, el que no cede nada en pro de una buena relación es un narcisista insoportable; una cosa es aceptar al otro con su personalidad y ser así mismo aceptado… y otra cuestión es abusarse. Ser humano es una vaina bastante compleja; siempre hay alguien que se ofende por motivos erróneos y otro alguien que no se ofende cuando tendría que hacerlo. Cuando observo estas actitudes, me pregunto por qué en cierta gente existe la tendencia de querer agradar a todos. Anyway,  en la escuela secundaria, tanto cuando fui alumna como trabajando de profesora, observé varios casos interesantes para el análisis del comportamiento humano. Cuando alguien me llamaba la atención, escribía en mi diario lo que me parecía al respecto. Veía cómo personas potencialmente valiosas se ponían bajo el ala de mediocres de espalda erguida, flequillo tupido y cara de culo, cara de “ojito conmigo” que no era otra cosa sino una postura sin contenido. Entonces, yo pensaba en que el clavo entra en la pared que puede. No hay tirano sin obsecuente, ni autoritario sin miedoso. No existe clavo útil si no hay una pared disponible en donde clavarlo.

Lo triste del caso es que el que recibe obsecuentes, los usa y luego los desecha porque sabe que tiran para el lado en donde calienta el sol, que no es en realidad un amigo sino una burda aproximación a una mascota.

Observar cómo son nuestra pareja, amigos, familiares, vecinos, alumnos y compañeros de trabajo ayuda a entender por qué nos dura la gente que permanece a nuestro lado y por qué otros se convierten en aves de paso. Cuando tenemos la misma onda, todo se facilita y esto no implica ser iguales ni tener los mismos gustos sino que es algo que tiene más que ver con lo que llamamos “química” para expresar que entre una persona y otra se genera una atmósfera positiva, aire fresco, ganas de verse, distensión, exaltación, excitación, de acuerdo al vínculo que haya. 

Cuando el tiempo parece volar al lado de otra persona, ése es un buen indicio.

A partir de esto me doy cuenta cómo es la gente con la cual no logro conectarme (aunque sean personas formidables en relación a otra gente). Analizo qué hombres me han interesado, cuáles han entrado a mi vida en un momento dado, cuáles no han tenido interés en mí o yo en ellos, a qué maestros he admirado y sigo admirando, y de cuáles sigo pensando que son chantas... de los que sin embargo, aprendí cosas útiles porque eran chantas en su intención, aunque tenían siempre algo positivo para dar, a pesar de que ellos mismos pensaran que vendían el falso elixir de amor de Dulcamara. 

A veces, esos falsos elixires dan resultados formidables y cambian el rumbo de la vida de alguien para mejor, porque la vida es absolutamente paradójica y contradictoria: Te ayuda el que menos te esperabas, te entierra el que ni en sueños imaginabas, se enamora de vos el cura del barrio, te odia tu hermana, escalás el Himalaya después de haber vivido en batón barriendo la vereda toda una vida, y te ponés el batón con ruleros después de haber usado el conchero y las plumas en el Maipo. 

Una de las preguntas que me hice siempre es: ¿Qué nos hace ser más unidos a ciertas personas y no a otras? ¿Qué hace que sienta urgentes ganas de compartir tiempo con alguien y no con otra persona? ¿Qué me lleva a lamentar no poder compartir tantas cosas que querría con alguien mientras que al vecino de acá a la vuelta me lo encuentro hasta en la sopa, aún cambiando de camino para llegar a casa? ¿Qué me lleva a leer a ciertos autores con la sed del encantamiento, y por el contrario, no poder pasar la segunda página de otros?

Antes pensaba que  la empatía dependía casi exclusivamente del compartir gustos, pero eso no es suficiente; ni siquiera es necesario. Se puede amar algo que el otro hace y lo que destila su persona al contar sobre eso que tanto ama, sin ser algo que nosotros mismos haríamos. 

Personas a las que les guste y entusiasme lo mismo que a mí, hay muchas y de distintas edades y etnias. De ahí a que surja una amistad o sencillamente una mera simpatía, hay un abismo. Somos un misterio, una desgracia o un milagro, y como decía Diderot: On est heureusement ou malheureusement né, on est insensiblement entraîné par le torrent général qui conduit l’un à la gloire, l’autre à l’ignominie. (Nacemos en forma feliz o infeliz; somos insensiblemente entrenados por el torrente general que conduce a algunos a la gloria, y a otros a la ignominia). De aquí el título de estos pensamientos en serie que decidí publicar.

Somos parte del gran quilombo que a unos beneficia y a otros destruye, que a unos interesa y a otros deja sin cuidado; somos, existimos, tal vez por alguna razón, quién  sabe por ninguna. Me pregunto varias veces si cumplo mi misión en esta vida y si en realidad tengo una misión asignada, más allá de mi vivir cotidiano, de mis elecciones, de mis dos profesiones que no me han llevado ni a la gloria ni a la ignominia. 

Yo estoy situada en una especie de limbo que por lo menos no me estresa porque no permito que la vida me pase por encima ni dejo que me los demás me presionen. Eso sí, con esa actitud también pierdo cosas y gente. Nadie se la lleva de arriba aunque se lo crea, pero más vale no llevársela de arriba ejerciendo la voluntad propia que acatando mandatos… ¿Pero qué cosas y qué gente pierdo si su condición para permanecer a mi lado es que yo consienta en todo? Volvemos al punto de partida…

Siempre se pierde algo y a alguien con las elecciones que hacemos; si no, la vida entera sería demasiado fácil y ahí sí que todo el mundo se atrevería a tomar riesgos… claro, si no se pierde nada, qué más da arriesgar. Si te aseguraran el éxito al final de cada decisión… qué gracia tendría. Si no existiera la posibilidad de la pérdida, ¿quién no arriesgaría? Pero en ese caso, no tendría que existir más el verbo “arriesgar”, habría que erradicarlo de cuajo, ya que riesgo implica posibilidad de pérdida. 

¿Y es tan malo perder, después de todo? ¿No enseña el perder a ser un poco más humildes, a bajar el copete, a recordarnos que no somos infalibles, o que hay gente mejor posicionada porque tiene más talento, más contactos, mejor estrella, o mejor karma? 

Éste es el mundo en que nos tocó vivir, Darling. En este mundo podrido estamos los que tenemos una computadora a través de la cual expresarnos, y están los que no han probado un bocado decente en su vida. La ecuación salió así: están los Grimaldi de Mónaco y los Grimoldi de Hush Puppies, los del Buckingham Palace y los del Fuerte Apache, y también los que dentro de un degradé de grises, podemos elegir qué comer y cuánto. 

En algunas casas se pelean porque no les gusta comer otra vez lo mismo de ayer; chicos malcriados que se quejan de los fideos con tuco, de la polenta con queso, como si todo el mundo pudiera comprar queso. Cómo puede alguien quejarse por algo así cuando otros darían años de su vida por llenar su plato de esa sustancia despreciada en general por los más jóvenes acostumbrados a que los padres (con tal de no escucharlos chillar) les concedan todos sus caprichos y no les enseñen que la leche sale de la vaca y no de la heladera, así mismo la hamburguesa, y por ende, nada de esto es gratis; no es para despreciar y mucho menos para llorar.

En fin, están los que se quejan por no tener un Danonino a tiempo, por comer Serenito en lugar de Danette… y quien nunca sentirá el placer de una crema chocolatada en su paladar acostumbrado a la basura que otros desechan.

En fin, el mundo se divide en dos tipos de personas: Las que comen y las que tragan porquerías para sobrevivir. Dentro de las que comen, existen también dos grupos: Las que consumen todo tipo de alimentos y las que compran productos más baratos por sus ingresos más magros. Dentro de las que consumen todo lo que desean, están las personas agradecidas a la vida por saber que acceder a la comida es un privilegio, y silenciosamente o en voz alta dan las gracias a Dios, al destino o al Cosmos por no haber tenido que nacer en una villa miseria argentina, Bangla Desh, Sri Lanka, Nigeria o Haití.

Dentro de ese grupo de los que pueden elegir qué comer todos los días, está también la gente que da todo por sentado y ni piensa en que pudo haberle tocado otro destino en la ruleta rusa. Algunos... hasta creen que el mundo está regido por la meritocracia.

Estamos nosotros y los de la villa miseria. Estamos nosotros y los de BanglaDesh, estamos nosotros que trabajamos para llevarnos la comida a la boca y tener electricidad para que nuestros aparatos funcionen, y también están los que se cuelgan de la televisión por cable de otro, de la luz, los que te amedrentan en la calle, los que violan niñas, y las irakíes que mandan a violar niñas para luego enviarlas a autoinmolarse. 

De Juan Pablo II y la Madre Teresa de Calcutta a los miserables que atan con alambres a los bebés en los países de miseria para producir espantos dedicados de por vida a la mendicidad, existe una gama de colores muy variado, un abanico de personalidades que hacen que podamos tener gente amada y gente despreciada.

(continuará) 


Las imágenes pertenecen a elementos de mi vida cotidiana